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The tyranny of a prince in an oligarchy is not so dangerous to the public welfare as the apathy of a citizen in a democracy. Montesquieu

 

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Poder, viene del latín popular potere, a su vez derivado del latín posse...(Anne-Marie Rocheblave-Spenlé)

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De mi biblioteca

El poder de la estupidez
Giancarlo Livraghi
Editorial: Crítica. Barcelona. 2010.

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Un análisis del poder y sus vínculos con la burocracia, la tecnología y el oscurantismo. Un antídoto necesario en el mundo de hoy.

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El artículo

EL OLIGARCA CAMUFLADO

14/02/2019


Selección de textos

 

  • El Poder, ¿qué es el poder en mayúscula? El poder no es más que la posibilidad de imponer tu voluntad al comportamiento de otros.
  • En los conflictos de poder siempre hay un ganador y un perdedor. Si hay asimetría, hay dominio.
  • Galbraith distingue entre el poder condigno, el poder compensatorio y el poder condicionado. El poder condigno es el más rudimentario, ya que va ligado a la amenaza de castigo. El poder compensatorio es en teoría un poder surgido de la negociación. Yo tengo poder sobre ti, pero te compenso. El poder condicionado es el más sibilino y actúa a largo plazo. Su objetivo es establecer un cuadro de creencias propio. El proceso pasa por la educación, la persuasión y la manipulación.
  • El poder de las organizaciones en el mundo occidental consiste en el cruce de cuatro redes que ocupan espacios sociales distintos: la ideológica, la económica, la militar y la política.
  • El poder es patrimonio de unos pocos. Cuando dicen que el pueblo es soberano, tratan de engañarnos. El poder es demasiado importante como para distribuirlo.
  • Oligarquía es el gobierno de unos pocos. Puede ser una clase social o los más ancianos. Siempre unos pocos. Una minoría sobre una mayoría.
  • Cualquier organización, a medida que crece y se hace más compleja, exige la creación de una unidad de mando y control. Que esta unidad surja por votación, por delegación o por otro conducto no es importante. Surge de forma natural, pues las condiciones objetivas la determinan.
  • Poco a poco esta unidad de control desarrolla estructuras de poder que le permiten dominar al colectivo. Establece los procedimientos, vigila el acceso y gestiona la información. Se aprovecha de la indiferencia y de la apatía general del resto.
  • Con el tiempo las organizaciones también se jerarquizan y crean el Estado, que actúa como Leviatán – el monstruo que todo lo puede -. Y ese monstruo trata de legitimar su monopolio del poder. Para ello articula alianzas con elementos afines y reparte roles.
  • Fue a mediados del siglo XVII cuando algunos filósofos trataron de legitimar el poder absoluto del monarca y construyeron una teoría que lo validara.
  • Nuestro objetivo ahora es tratar de averiguar dónde está el núcleo del poder en la actualidad. ¿Quién maneja realmente las riendas?
  • Hemos hecho una primera clasificación de los actores más importantes, sin prestar atención a la territorialidad, atendiendo sólo a su papel en la gobernanza global y a su capacidad de influencia en el proceso de toma de decisiones.
  • Estos son los agentes: los ricos (dinero y poder), los ejecutores (política y poder), la banca y sus derivados (los gestores del dinero del poder), los periféricos: consultores, auditores, agencias de calificación (la lubricación del poder), las multinacionales (el poder desnudo), los think tanks (los fabricantes de ideas para consolidar el poder), los periodistas (el pesebre del poder), los lobbies (los conseguidores del poder), los clubs exclusivos (los conspiradores del poder), el complejo militar-industrial (el brazo armado del poder), el sistema jurídico (la cara oculta del poder).
  • El estudio del fenómeno del poder nos conduce a una primera reflexión: no existe una unidad central de mando que gobierne la globalidad del sistema, pero sí una red de personas interconectadas que trabajan en paralelo respetándose los territorios personales. Esa red de personas constituye la nueva élite del poder.
  • La segunda reflexión es que en las democracias liberal-conservadoras (las dictablandas siguen otro patrón) destacan dos tipos de agentes: los “gestores del dinero del poder” y “los representantes del poder desnudo” de las grandes multinacionales (la rama operativa oligárquica). Los “plutócratas” (los muy ricos) los observan y los dejan hacer. Algunos de estos plutócratas se escudan además en su bagaje técnico (“Geek is Chic”, las nuevas tecnologías son la modernidad), argumentando que la técnica es nihilista y como tal no los compromete. El resto de los agentes, por mucho que aparenten, son subsidiarios.
  • Y esta tríada, de forma natural, ha conformado un modelo social en el que cada agente cumple una misión bien definida: unos fabrican las ideas por encargo, otros las venden, unos terceros las llevan a la práctica, otros las ordenan y codifican, el siguiente grupo las facilita y legitima, y, si es necesario, el grupo de cola las impone por la fuerza.
  • Los ejes sobre los que actúa esta tríada son la tecnología, la financialización y la globalización.
  • Pero, ¿quiénes son los miembros de esa élite y cómo llegan a la posición de dominio? Esa élite, como lo haría un buen bateador de béisbol, cubre tres bases, sin que estas sean necesariamente secuenciales: estudiando en una buena universidad, trabajando duro y cultivando las redes sociales selectivas, no cualquier red social.
  • Las élites económicas de hoy de las democracias liberal-conservadoras no tienen nada que ver con las de ayer, orientadas hacia la ostentación y el consumo. A las actuales les apasiona su trabajo, que se transforma en la parte nuclear de su vida. Son workaholics. El patrimonio heredado, si lo ha habido, no explica su éxito.
  • Una tercera reflexión, que nos permite acercarnos todavía más al corazón del fenómeno, es que dentro de los agentes del poder operativo (los gestores del dinero del poder y los representantes del poder desnudo), hay un claro ganador: los primeros, es decir, el subsistema financiero. El mundo hoy está financializado.
  • Si ahora damos un giro de ciento ochenta grados y nos situamos al otro lado de la balanza global del poder, que no significa en el lado opuesto sino en el complementario, podemos ver que en las dictablandas (la Federación Rusa y China) el oligarca no se camufla, sino que se somete al ejecutor. El ejecutor, sea Vladimir Putin o Xi Jinping, no tiene más límites que los que él mismo se impone. “Sus oligarcas” lo son con su consentimiento.
  • El poder real no consiste en forzar a la gente a hacer lo que uno quiere, sino en cambiar la forma en cómo piensan, de manera que sean ellos quienes quieran hacer lo que uno quiere (poder condicionado).
  • El oligarca se camufla, porque sabe que puede vivir tranquilo. Las revoluciones ya no están de moda y la “financialización” ha penetrado en todos los ámbitos de la cotidianeidad: en el precio de los alimentos, de la vivienda, de las primeras materias, de las hipotecas, de los créditos al consumo, de los préstamos para estudios, de las deudas de las familias, de la deuda pública. Ya no hay valor de uso, todo es valor de cambio, incluso el tiempo, la vida y la muerte.
  • Ha surgido una nueva clase social a caballo entre la oligarquía y la plutocracia, que nos observa con cierto desdén. Saben que pueden mover los mercados a través de los activos que controlan, las monedas con las que operan, las carteras que gestionan. Hacen apuestas bajo el lema “el ganador se lo queda todo”.
  • Su único punto débil, al menos por el momento, es que nos necesitan, ya sea como trabajadores, clientes o consumidores. Pero hay que reconocer que van ganando.
  • “De acuerdo – dijo Buffett (el paradigma del “oligarca bueno”) – hay lucha de clases, pero somos nosotros, los ricos, los que vamos ganando”.
  • La verdad es que no sólo van ganando la guerra, sino que la empezaron ellos: los oligarcas camuflados.

 

El libro “El oligarca camuflado” (en versión castellana y catalana) será presentado públicamente en Barcelona el día 21 de febrero a las 19,00 horas en LA CASA DEL LIBRO, Rambla de Cataluña, 37.

Alf Duran Corner

Fondo documental