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War! What is it good for? It’s good for business”. Billy Bragg.

 

El artículo

LA PESADILLA DE LA OTAN

26/04/2026


Hace unos pocos meses murió un buen amigo, un amigo de la infancia, uno con el que había compartido estudios universitarios, algún trabajo precario en nuestra primera juventud y un compromiso político frente a la dictadura. Él llegó a militar y pasó dos años en la cárcel, tras los que se distanció de la disciplina del partido. Yo siempre fui un buen “compañero de viaje”, pues era incapaz de asumir un catecismo (cualquier catecismo) y así me mantengo. El solía decirme cariñosamente que yo era un “ácrata de terciopelo”. Quizás tenía razón.

Con los años fuimos incorporando a nuestro pensamiento un escepticismo general que teñía nuestras conversaciones sobre la vida y las cosas. Mi amigo tenía dos reflexiones de las que hacía un tronco común. En la primera parecía que se autoinculpara. Decía: “Qué desastre de país. Qué mal lo hemos hecho. Tanta lucha, y tan mal resultado”. En la segunda era más contundente. Decía “Yo no sé si la gente ha sido siempre tan imbécil o tiene la culpa el progreso”. Yo hubiera añadido “el progreso no ilustrado”, ese que tan magistralmente describe el filósofo Ferran Sáez en su libro “La fi del progressisme il·lustrat”.

Una buena muestra de esta regresión social la tenemos en el debate público que los medios convencionales explotan sobre la OTAN y las relaciones anecdóticas entre sus mandos actuales y el gobierno de España. Todo es cháchara. No pasará nada. Desgraciadamente no pasará nada.

Ya hemos hablado en ocasiones de este invento trasatlántico que las élites de una Europa desahuciada tuvieron que asumir tras la II Guerra Mundial. El hegemón americano dictaba las reglas de juego y los demás obedecían. La OTAN nació en abril de 1949 para protegerse de un supuesto enemigo exterior. Ese supuesto enemigo era la URSS y su ideología, que se había extendido por algunos países de la Europa occidental. No se temía a un poder militar exhausto en el Este sino a la ideología que subyacía en él. Es cierto que ese mismo año (cuatro meses más tarde) los servicios de inteligencia americanos habían detectado la primera prueba nuclear en la república de Kazajistán, dentro de la Unión Soviética.

En cualquier caso, todo estaba justificado para las élites americanas. Según ellos el deber del gobierno de Estados Unidos era proceder a engrasar el complejo militar-industrial e invertir fuertemente en él. Se olvidaron de las denuncias del presidente Eisenhower (enero de 1961) que en su discurso de despedida manifestó:

“En los consejos de gobierno hemos de evitar que el complejo militar-industrial adquiera influencia injustificable, sea buscada o no. Existen y existirán circunstancias que harán posible que surjan poderes en lugares indebidos con efectos desastrosos. Nunca podemos permitir que el peso de esta combinación ponga en peligro nuestras libertades ni nuestros procesos democráticos”.

Quien puso el sello de legitimación a este manipulado construct  intelectual fue George F.Kennan, un fino diplomático americano buen conocedor de la URSS, padre de la “política de contención” durante la Guerra Fría, que en sus memorias, previas a la caída simbólica del muro de Berlín, dejó escrito: “Si la Unión Soviética se hundiera mañana bajo las aguas del océano, el complejo militar-industrial estadounidense tendría que seguir existiendo, sin cambios sustanciales, hasta que inventáramos algún otro adversario. Cualquier otra cosa sería un choque inaceptable para la economía estadounidense”.

Solo faltaba completar el modelo incorporando una teórica supra organización con formato democrático que pusiera orden en Europa. Y así nació la Unión Europea, con antecedentes en la CECA (carbón y acero / 1951), Tratado de Roma (Mercado Común / 1957), Comisión Europea (1965), Unión Europea (1992) y lo que siga. Se trataba de asegurar un mercado cautivo de millones de consumidores. Desde el primer momento las élites norteamericanas tuvieron claro que en el “triángulo amoroso” gobernaban ellos con el apoyo directo del “complejo militar-industrial”, que a su vez marcaba el paso a la OTAN y ésta a la Unión Europea.  

Lo que ocurre ahora en Estados Unidos es un conflicto de intereses entre el Pentágono, el Senado y la Presidencia. A los primeros les interesa la “guerra permanente” que produce beneficios constantes a sus proveedores; los segundos son en su mayoría meros representantes de esos proveedores; por su parte la Presidencia está obligada a cuadrar números presupuestarios, por lo que quiere reducir su contribución económica a la OTAN (la más voluminosa entre sus miembros), obligar a los países europeos a seguir comprando armamento a la industria americana y en mayor cuantía, y al mismo tiempo presentarse como un “apóstol de la paz”. Esto está visto desde la óptica de la oferta. La demanda se produce con la guerra de Ucrania (una guerra “proxy” fabricada por la CIA y el MI6), el conflicto de Oriente Medio al servicio del sionismo israelita, las guerras olvidadas de Africa, la hipotética invasión de Taiwan por la República Popular China y la manicomial teoría sobre el probable movimiento del “oso ruso” para ocupar el mundo occidental.

Conclusión: hay que armarse hasta los dientes, aunque sea sacrificando todos los gastos sociales. Moriremos pronto pero junto a nuestro ataúd habrá un bazuca de última generación. Mi querido amigo tenía razón: Yo no sé si la gente ha sido siempre tan imbécil o tiene la culpa el progreso.

Por eso los rifirrafes sobre España y la OTAN son ridículos. Franco ya cerró los pactos con Estados Unidos en 1953 y desde entonces los militares americanos tienen sus bases en España. Se blanqueó una dictadura sin que nadie pestañeara. Luego vino la adhesión a la OTAN en 1982 (puro formalismo), que se remató con el espectáculo del referéndum dirigido por el ínclito Felipe González (1986). Atado y bien atado.

Desgraciadamente no somos Suiza (que no es miembro de la OTAN ni de la Unión Europea), ni tampoco Austria, Irlanda, Malta y Chipre, que mantienen una difícil neutralidad militar, aunque son miembros de la Unión Europea. Luego hay otros equilibristas como Islandia o Noruega, que son de la OTAN pero no de la UE. Unos y otros apuestan por la bilateralidad, que es tan antigua como el comercio por la ruta de la seda hace dos mil años.

Gobierne quien gobierne en el Estado español, los tienen bien amarrados. Y subsidiariamente a todos los ciudadanos.

Me viene a la cabeza la primera reflexión de mi querido amigo: Qué desastre de país. Qué mal lo hemos hecho. Tanta lucha, y tan mal resultado.

 

 

 

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Alf Duran Corner

Fondo documental