Nuestra cita

If you don’t read the newspaper, you’re uninformed. If you read the newspaper, you’re misinformed. Mark Twain.

 

 

El artículo

I DON'T GIVE A DAMN

13/09/2021


En toda obra dramática hay un momento álgido, un momento que a modo de síntesis cierra simbólicamente el relato. Si ese momento coincide con el final de la obra, la fuerza del cierre es todavía mayor. Así sucede en “Gone with the Wind”, cuando Rhett Butler, el cínico y arrogante protagonista, contesta a la pregunta de la joven, bella y caprichosa Scarlett O’Hara, que le inquiere  “Where shall I go?” (¿Dónde iré?), “What shall I do?” (¿Qué haré?). Butler sentencia : “Frankly my dear, I don’t give a damn”.

Me quedo con el final: “Francamente querida, me importa un bledo”, aunque fonéticamente la palabra inglesa es más contundente que la castellana. La frase en francés es más directa (“Je m’en fous”), como lo es en catalán (“Se me’n fot”).

El castellano es una lengua secuestrada por las agudas y las esdrújulas, en tanto que el inglés es más preciso y sintético. Si nos olvidamos de la frase entera y nos quedamos con el nominativo (damn), el significado cobra otros tintes. Damn es maldito, perverso, que tiene malas intenciones.

En cualquier caso, la respuesta es despreciativa. Ni le importa ni le interesa. Se puede referir, como es el caso de la película, a una persona, pero también vale para otras circunstancias.

Curiosamente en castellano se suaviza, ya que lo más usual es “me importa un bledo” o “me importa un comino”, siendo lo primero una hortaliza de hojas triangulares de color verde y flores rojas, bastante desabrida si no la amenizas, y lo segundo una planta herbácea cuyas semillas aromáticas se usan como especia.

Por eso me quedo con el inglés. Lo más atractivo de la frase en castellano es que niega lo que afirma. Dice que le importa, cuando de hecho no le importa en absoluto.

Es lo que me ocurre, y no creo ser el único, con el correveidile de la información cotidiana. Yo habitualmente me quedo con el flash de los titulares (por si de una vez por todas ha empezado la III Guerra Mundial y no me he enterado), y paso página rápidamente. Recuerdo que en una ocasión le preguntaron a Andrew Weil  -uno de los médicos más reconocidos de Estados Unidos, que tras vivir años en la selva amazónica regreso a su país y abrió consulta con su medicina integrativa-  cuál era el consejo definitivo para cualquiera de sus muchos pacientes. Weil fue taxativo: “Haga dieta de telediarios durante un par de semanas. Reducirá su toxicidad”. Porque de eso se trata.

Hace ya muchos años que los medios de comunicación españoles, sin distinción, resultan tóxicos para cualquier ciudadano razonablemente equilibrado. Los que se empeñan en seguirlos, no estaría de más que se vacunaran previamente, consejo probablemente baldío vistos los niveles de audiencia. Pero como los virus se extienden con facilidad, la mayoría de los medios de origen catalán (por su base territorial) se han ido también contagiando progresivamente (unos alborozados, los otros renuentes), hasta alcanzar la cota de los primeros. Si quieres tener un mínimo pulso de las cercanías informativas, solo puedes acudir a algunos digitales (muy contados) que con las consabidas dificultades económicas arrastran su subsistencia en este contaminado entorno. El resto es basura.

A modo de ejemplo, tomaremos un abanico de las informaciones que los medios destacan en sus parrillas de salida en un día cualquiera. Esas informaciones serán luego rebotadas en las innumerables tertulias en las que los tertulianos profesionales (¡menudo oficio!) se cruzan reproches, se insultan, se menosprecian, se jactan de lo que no saben, y luego salen corriendo en busca de más dietas.

En ese día tomado al azar los temas estrella eran: la mesa del diálogo, las declaraciones de la señora Colau, la soflama (expresión para levantar el ánimo) del señor Lesmes, las supuestas tribulaciones del exobispo señor Novell, el partido de fútbol de “la Roja” y la Federación de fútbol de Kosovo, el sumario sobre “que llegan los rusos”,  y otras lindezas similares.

Veamos:

  • La “mesa del diálogo” es un tema sobado. Se habla demasiado de ella cuando todavía no se han sentado. Tampoco se sabe para que se sentarán. Por parte del Estado resulta un paripé y por parte del gobierno catalán un gesto, aparentemente con propósitos electorales del partido del gobierno. Como no hay activos que poner sobre la mesa (ni un roc a la faixa), no hay capacidad negociadora. Pura teatralidad.
  • La señora Colau va recuperando su mejor perfil de “abeja maya”, con sus zánganos y sus obreras en plena actividad. Si siguen a este ritmo acabarán destruyendo la ciudad de Barcelona. La señora Colau “experimenta”, pero mejor sería que lo hiciera en la terraza de su propia casa. Y por si fuera poco, hace declaraciones extemporáneas que cuestionan algo más que su patrimonio político. Contraponer el progreso a la independencia de Catalunya es de una gran bajeza moral. No es la primera vez que aflora su mezquindad.
  • El señor Lesmes, presidente perpetuo del Consejo General del Poder Judicial, que hace ya muchos años que debería haber abandonado el puesto, y que tiene en su currículum haber ocupado altos cargos en los gobiernos del señor Aznar, además de haber sido colaborador de la fundación FAES, se ha dolido públicamente por la concesión de los indultos (tramposos indultos) a los líderes independentistas penados. El señor Lesmes sabe sobradamente que la concesión de indultos corresponde al poder ejecutivo, pero no por ello deja de quejarse. Probablemente él hubiera exigido que cumplieran la totalidad de las penas.
  • Parece que el señor Novell, como dicen por ahí, “se ha echado una novia”. El señor Novell es un personaje singular con perfiles opuestos. Por un lado dicen que es un tipo inteligente y preparado para su oficio, y por ello alcanzó el puesto de obispo de su religión a edad temprana. Por otra parte es de los escasos eclesiásticos del espectro católico que tomó partido por el derecho a la independencia de Catalunya y por la libertad de los líderes encarcelados. Y ya como remate, es un ultraortodoxo en temas como el aborto, la homosexualidad, etc. Resulta difícil comprender este cóctel, pero no creo que sea de nuestra incumbencia. Y menos lo es bajar a las cloacas y mezclar las aficiones literarias de una supuesta novia con elucubraciones sobre pensamientos demoníacos.
  • Lo de “la Roja” hay que tomárselo humorísticamente. Que el Estado español haga el ridículo y no reconozca al Estado de Kosovo es un problema de difícil solución. Para el Estado español cualquier territorio que se emancipa es peligroso, por el “mal ejemplo” que pudiera dar a los catalanes independentistas. Pero que “la Roja” se enfrente en un partido de fútbol a una federación y no a un equipo de un país es de “Mortadelo y Filemón”. Y que los medios de información disciplinadamente, a la búlgara, repitan esa patraña, da buena medida de con quién nos jugamos los cuartos.
  • Y ya por último nos queda el sumario sobre el “caso Volhov” y la teórica injerencia rusa en Catalunya para favorecer la independencia. Como siempre, todo se basa en el servicio de información de la Guardia Civil, a partir de cuyo material se ha instruido un sumario. La primera constatación es de índole geográfica: Rusia queda muy lejos. Si Catalunya fuera Crimea y Barcelona Sebastopol, no habría nada que discutir. El primo de Zumosol estaba muy cerca y por eso Crimea se independizó, hizo un referéndum y en la actualidad forma parte de la Federación Rusa. Lo de Catalunya y Rusia no llega ni para una serie de James Bond. Yo no sé dónde han estudiado geopolítica los funcionarios implicados en este asunto, pero yo les obligaría a hacer repaso y a presentarse en la próxima convocatoria, que seguramente volverían a suspender.

Estos ingredientes o similares forman parte de la dieta alimenticia diaria con la que se informan o malforman los ciudadanos de este país, dieta que además pasa por la cocina de los tertulianos.

Antes a los niños les daban aceite de ricino para purgar. Ahora ya no se hace físicamente sino por ondas electromagnéticas.

Hagan caso al doctor Weil. Yo le sigo escrupulosamente porque en el fondo, como a Rhett Butler, todo ello I don’t give a damn”.

 

 

Memorial per als desmemoriats
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Alf Duran Corner

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