La politique est l’art de mentir à propos. Voltaire.
Nos llenamos la boca con esta palabra (democracia) sin saber con precisión a que nos estamos refiriendo. Incluso hemos elaborado un construct intelectual que le dé cobijo bajo la expresión del “Estado social y democrático de derecho”. Hemos fijado unas líneas básicas detrás de ese paraguas protector:
Cuando leo todo esto y observo la realidad más próxima me viene a la cabeza una vieja canción que cantaban a dúo en los setenta Mina y Alberto Lupo.
Recordemos la estrofa final:
“Parole, parole, parole, parole, parole, soltanto parole” (palabras, solo palabras).
Como señalaba al principio el problema es que tenemos tantas interpretaciones de la democracia como ciudadanos existen. De hecho, nos han contado que es “el gobierno del pueblo”. Y eso, ¿cómo se hace?
Si tomamos por ejemplo el Estado al que pertenecemos, vemos que se rompen las costuras por todas partes.
No somos soberanos (no nos dejan) y cuando nos conducen a votar tenemos que votar a unos candidatos elegidos por las cúpulas de unas organizaciones llamadas partidos.
Vemos que la separación de poderes no existe, con la intrusión del poder judicial en el área ejecutiva, la coyunda entre esta última con la primera por razones ideológicas y el ridículo papel del poder legislativo, siempre dispuesto a cumplir lo que le indiquen sus mandos políticos.
Sobre el “imperio de la ley” el término ya lo dice todo. Es un imperio donde los poderes fácticos (siempre en la sombra) marcan el territorio y definen lo que está bien y lo que está mal. Felicitan y sancionan. Como lo harían en un colegio de párvulos.
Por último, no tenemos ninguna garantía de que el Estado proteja las libertades civiles, políticas y sociales, como las de expresión y reunión. Ejemplos los hay a diario. Solo hace falta seguir las noticias en los medios tradicionales, donde los comunicadores a sueldo del propio Estado no pueden evitar las imágenes que confirman este estado de cosas.
Y si salimos de este círculo más próximo, nos encontramos con la misma cantinela, con especial énfasis en el denominado “mundo occidental”, que antes era considerado modelo de referencia. Cabe preguntarse, ¿cómo nos ven? Hay pocas ocasiones para saberlo, aunque sea someramente.
Ahora tenemos una con la reciente publicación del “Democracy Perception Index 2026”, una macroencuesta que lleva años publicándose sobre cómo los ciudadanos del mundo perciben la democracia y sus aplicaciones, en especial aquellas que se expresan en los grandes conflictos internacionales.
Es conocido mi escepticismo sobre las encuestas. He vivido de cerca estos instrumentos en el sector económico y empresarial. Sé de la incidencia de quién financia el trabajo de campo y de cómo se cocinan los resultados a gusto del poder dominante. Así y todo, reconozco que en el fondo del armario puedes identificar las tendencias ocultas.
Lo primero que debemos hacer, en este caso y en cualquier otro, es averiguar quién hay detrás del estudio. El “Democracy Perception Index” es el fruto de la colaboración de distintos grupos, entre los que destaca la “Alliance of Democracies”, una organización fundada por Anders Fogh Rasmussen, que fue primer ministro de Dinamarca y exsecretario general de la OTAN. Conocedores de su perfil ideológico ultra-reaccionario, podemos aventurar que lo que nos cuenten está edulcorado.
Esta hipótesis, que es la mía, viene corroborada por las organizaciones colaboradoras, entre las que destacan la “European Endowment for Democracy”, “Atlas Network”, “Freedom House”, “Taiwan Foundation for Democracy” otras organizaciones gubernamentales de Europa Occidental y Estados Unidos, junto a grandes corporaciones como Palantir y Microsoft. Solo hay que dar un vistazo al historial de estas organizaciones y a sus propósitos. En el caso de Palantir, de la que ya hemos hablado en otras ocasiones, hay que recordar que su fundador y principal accionista Peter Thiel cree que “democracia y libertad son incompatibles”.
Si estos son los padres de la criatura, vamos a ver que dice el Índice. El director de la investigación es Nico Jaspers, consejero delegado de la empresa Nira Data. El ya nos avanza que las percepciones globales quedan afectadas por las tensiones geopolíticas recientes (lo cual parece una excusa) y que quizás lo más relevante es el declive de la imagen de Estados Unidos y que, a pesar del pesimismo imperante (sobre todo en Europa), los ciudadanos del mundo persiguen sistemas que les proporcionen seguridad, estabilidad y progreso económico.
Si esto es cierto, es una visión pragmática de la “democracia” que no se ajusta a los cánones.
La muestra poblacional es muy amplia (cerca de 100.000 personas de 98 países, lo que representa un 90% de la población global). El informe puede bajarse por completo por Internet. Veamos algunos de los aspectos a mi juicio más significativos:
Como apuntaba Sempé “Tout se complique”. Cerremos el informe con aquella afirmación, atribuida a Winston Churchill, que dice: “El mejor argumento contra la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio”.
