Nuestra cita

A political prisoner is someone who is out fighting for his or her people’s rights and freedom and is imprisoned for that alone.  Leonard Peltier.

 

 

El artículo

LA PANDEMIA SOCIAL

14/06/2021


El bochornoso espectáculo que la sociedad española nos brinda cada día es el mejor acicate para darse de baja de ese club, un club que se supera con sus continuas performances donde la vulgaridad, la irracionalidad y el sin sentido se combinan en un cóctel explosivo.

Su comportamiento recuerda a aquellos personajes del teatro del absurdo surgido en Europa después de la II Guerra Mundial, cuyo relato carecía de la más elemental lógica y solo podía interpretarse por su carácter destructivo en un mundo enfermo y arruinado.

Ahora el tema candente, según ellos, es el “indulto” a los presos políticos independentistas. El gobierno que preside el señor Sánchez se apresura a concederlos, frente a la alta probabilidad de que en un plazo no muy lejano los tribunales de justicia europeos ratifiquen lo que distintas instituciones internacionales están manifestando desde hace tiempo: tanto el proceso a los independentistas como las sentencias consiguientes dictadas por el Tribunal Supremo constituyen una gran farsa que sitúa al Estado español como un Estado “rogue”, es decir un Estado al margen del derecho internacional, autoritario y no respetuoso con las mínimas libertades.

Y así surge el espectáculo en un vociferante enfrentamiento entre las dos marcas españolistas de turno (PP y PSOE), junto a los teloneros (un VOX crecido y un Ciudadanos en vías de extinción). Lamentable.  Y es que si analizas el tema en profundidad te das cuenta de que podrían intercambiar los papeles y no pasaría nada.

La fauna que dirige el señor Casado repite la llamada a su tropa de infantería para que firmen un manifiesto de desaprobación. Según ellos –pobres diablos–  el gobierno quiere tomar esa decisión para mantenerse en el poder, con el apoyo de Esquerra Republicana. Insensatos. ¿Es que no saben interpretar los populares las maniobras de ERC, cuyo único interés es presidir la Generalitat en un marco autonómico? ¿Es que no entienden que con su acción política Esquerra pretende enterrar definitivamente el independentismo?

Ya podemos ver de nuevo las mesas y los firmantes, siempre dispuestos a cumplir lo que la “autoridad competente”  les diga, sin entrar en más consideraciones. Hay que obedecer y callar, como hicieron sus padres y sus abuelos. Ahora ya no gritan “Vivan las caenas”, pero su subconsciente les delata. Aceptan e interiorizan el mensaje de que no se puede soltar a unos facinerosos, que pretendían romper la “unidad de España” (un oxímoron), cuando no han expresado el mínimo arrepentimiento por el crimen cometido.

Pero la otra cara de la moneda (la del PSOE) no es tan diferente de la de sus competidores. El señor Sánchez y sus acólitos llevan tiempo repitiendo el sonsonete de que hay que perdonar al pecador para volver a restaurar (otro invento)  la “convivencia” tan deseada en la sociedad catalana.

Todo pivota en torno a códigos que pertenecen al universo integrista español, como arrepentimiento, propósito de enmienda, perdón, pecado, contrición, indulgencia. Un universo incrustado en el ADN de una sociedad fundamentalista, en la que la discrepancia no tiene cabida. Nunca la ha tenido. Solo a título de anécdota, conviene recordar (como hace Helena Rosenblatt en The Lost History of Liberalism), que en uno de los escasos episodios históricos en el que los representantes del Estado español apuntaron un pensamiento liberal (las Cortes de Cádiz de 1810), se reconocieron ciertas libertades, pero no la religiosa, pues para esos liberales “la religión de la nación española es y será para siempre la religión católica, apostólica y romana, la única y verdadera”.

Y en el colmo de la majadería, el presidente Sánchez ha declarado: “Tenemos que apostar por reparar los errores de 2017, y eso implica magnanimidad. Gracias a eso permitiremos que la sociedad catalana pueda reencontrarse. Los hechos de 2017 yo los he heredado. Pese a los reparos, pido comprensión y magnanimidad porque el objetivo merece la  pena”.  ¿A quién pide esto? ¿A los españoles que jaleaban a policías y guardias civiles en su ruta hacia Catalunya? ¿A esas fuerzas de choque que cantaban para motivarse el “a por ellos”? A quien debería pedírselo es a los represaliados, a los golpeados, a los encausados, a los procesados, a los exilados, a los encarcelados. A las víctimas y no a los verdugos. Y no lo hace ni lo hará porque en su construct  intelectual (si es que lo tiene) ese escenario no existe.

Puede ser que una parte de los catalanes (no incluyo a los españoles que viven en Catalunya  -hayan nacido o no aquí- y que se sienten españoles y solo administrativamente catalanes) acepten de buen grado esa medida de “gracia” (el vuelo gallináceo de los actuales dirigentes de ERC), pero estoy seguro de que muchos otros miles (que no se sienten españoles) jamás perdonarán tanta maldad y seguirán actuando como “moscas cojoneras”  frente al Régimen.

Yo, desde la racionalidad de mi profundo ateísmo, ni olvido ni perdono.

 

 

Memorial per als desmemoriats
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Alf Duran Corner

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