Multiculturalism should not mean that we tolerate another culture’s intolerance. Ayaan Hirsi Ali.
No me gusta hablar sobre mi país (Catalunya). En su momento ya hablé lo suficiente y quienes me siguen conocen sobradamente mi posición política, que no se ha movido ni un centímetro.
Tampoco presto atención a los debates públicos de los partidos políticos catalanes y todavía menos a los de los delegados de ventas en Catalunya de los partidos nacionalistas españoles. Creo que son un reflejo del proceso de degradación al que ha llegado la política como sistema de convivencia en una sociedad civilizada. Espejean la realidad de una España decadente de matriz castellana que un lúcido Antonio Machado describió hace ya muchos años amargamente: “Castilla miserable, ayer dominadora, envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora”. Esto no tiene arreglo, por mucho tren de alta velocidad que instalen urbi et orbe, ni por grandes empresas de “Private Equity” que planten sus dominios en el Madrid de la chulesca señora Ayuso.
No me gusta hablar sobre mi país, pero esta vez voy a pasar la frontera para entrar de lleno en un tema que me tiene aburrido hasta la extenuación. Se trata del juego perverso que los políticos profesionales y sus comunicadores a sueldo practican sobre el binomio emigración-islamismo.
No hace falta ser muy listo para comprender que la economía catalana no tiene capacidad para absorber el flujo de emigración que le ha caído encima durante los últimos diez años. Cataluña no es un Estado y tiene que aceptar la absurda política migratoria de puertas abiertas que los sucesivos gobiernos españoles han llevado adelante. Esa política ha condicionado en parte el desvío macroeconómico hacia el sector servicios de bajo valor añadido, con especial protagonismo del turismo de masas, un sector que ha impulsado bajos salarios, dinero negro, pobres condiciones de trabajo y altos rendimientos para una minoría de emprendedores-inversores.
Si añadimos que el buenismo de unos políticos aprovechados ha llevado a expandir la prestación de servicios sociales a cualquiera que pise el territorio, no es de extrañar que se rompan las costuras con maestros, médicos y otros grupos profesionales que no pueden gestionar debidamente su papel como servidores públicos.
Solo faltan los flecos, no analizados con el rigor necesario, como el concepto de “agrupación familiar”, que posibilita la entrada de nuevos emigrantes que por su edad o condición suponen más una carga para los presupuestos públicos que una contribución.
Y ahora viene la guinda de esta emigración descontrolada. Buena parte de ellos procede de Latinoamérica, que como hablan español y esto les basta para trabajar, no tienen ningún interés en aprender la lengua del país receptor, ni de integrarse en su cultura. Eso sí, aparte de la lengua y de un machismo que supera al español, también vienen acompañados de sus bandas juveniles, que campan a sus anchas por varias zonas del área metropolitana de Barcelona, con particular peso en Hospitalet del Llobregat.
El otro componente de esta guinda multicultural que tanto agrada a la “izquierda woke” que controla el aparato del Estado en Catalunya (Generalitat, Diputacions, Ajuntaments y otros) lo constituyen los flujos procedentes del norte de África, en particular de Marruecos. Su hecho diferencial es que en su gran mayoría son musulmanes, es decir, fieles de la religión islámica. Y la religión islámica es totalitarista (que no hay que confundir con autoritaria, izquierdista, de derechas, etc.), es decir, que pretende cubrir la totalidad de la vida de sus fieles. Cómo deben organizarse socialmente, cuáles son los roles en la unidad familiar, qué pueden o no pueden comer, cuándo dónde y cómo deben rezar, cómo han de vestirse, qué lugares sagrados deben visitar. Este rosario de obligaciones queda sometido a sus propias leyes (la sharía) y a sus propios tribunales. Esta incursión de lo religioso en la vida pública queda definida como teocracia (gobierno de Dios). Que algunos musulmanes no practiquen su religión es un hecho anecdótico; la gran mayoría sí lo hacen. Y es esa gran mayoría la que es animada en las mezquitas a la yihad, que no es etimológicamente un concepto belicoso, pero sí de esfuerzo y lucha para extender la “buena nueva”. Y esta “buena nueva” choca frontalmente con los valores de la Ilustración, los del Siglo de las Luces, que son los que hemos heredado los europeos, los españoles y los catalanes. Esa Ilustración queda expresada en un “progresismo ilustrado” que tiene como propósitos la libertad, la laicidad, la equidad, los derechos individuales, el respeto a las minorías, la justicia, el pluralismo, la tolerancia y la transparencia en las cuentas públicas. Políticamente se instrumentaliza a través de una forma de gobierno – la democracia - (el denominado gobierno del pueblo), que no tiene nada que ver con la teocracia (el gobierno de Dios).
Aquí no hay buenos ni malos; hay dos entes radicalmente distintos. Yo, en mi calidad de ateo responsable, no quiero que en mi país se implante un “gobierno de Dios”. Y por eso me irrita el comportamiento de quienes tratan de confundir al personal con preguntas o afirmaciones capciosas sobre el ideario de Aliança Catalana. Aliança Catalana es un partido catalán independentista que tiene una posición clara y definida respecto al islamismo. Quiere limitarlo y controlarlo al máximo, no ayudar a expandirlo. Sabe qué significa la fe islámica, hecho que parece muchos ignoran.
Hoy mismo he leído una entrevista que el señor Andreu Barnils (periodista de Vilaweb) le hace al señor Jordi Domingo (presidente del Consell de la Republica). Y en esa entrevista, el señor Barnils presiona al señor Domingo para que margine a Aliança Catalana del proyecto político del Consell. El señor Domingo se defiende certeramente, pero al final lo acorrala con una manifestación de probada falsedad, cuando dice: “No nego el seu independentisme, però em (sic) reprimeixen els àrabs que parlen català, que també són independentistes. I per què? Perquè son àrabs. I me’ls aparta. Jo els vull dins, i Silvia Orriols me’ls fa fora”. El señor Barnils confunde el árabe (que es un concepto étnico-lingüístico) con el islamismo (que es una religión). Aliança Catalana combate el islamismo no el arabismo.
Al pan, pan y al vino, vino. No estaría de más un seminario para adultos sobre la decencia y las buenas maneras.
