DISRUPTION

Focus: Política
Fecha: 29/01/2025

A lo largo de la historia se han ido produciendo procesos de cambio, la mayoría de forma gradual, con ligeros progresos y pequeños recesos que han dado como resultado una última y definitiva tendencia de mejora para la sociedad. En el tiempo esa mejora ha sido etiquetada como “reforma”, que tiene el significado de aceptar el modelo acumulado para mejorarlo.

Pero en ocasiones (pocas) los hechos han tomado otra dirección. Se ha producido una “ruptura” (disruption), ha cambiado el paradigma. La sociedad o mejor dicho las élites intelectuales que cuestionaban el “statu quo”, modificaron las reglas de juego y con ellas el patrón dominante hasta aquel momento. El sometimiento del poder Real al Parlamento (Inglaterra 1688) fue un buen ejemplo, como lo fueron la Revolución Bolchevique (Rusia 1917), con la constitución del primer Estado socialista del mundo y la Revolución Francesa (1789) con el afianzamiento de la burguesía.

El mundo empresarial se ha ido haciendo eco de todo esto y con el tiempo se han hecho distinciones entre el empresario, el manager y el emprendedor, siendo este último el genuino representante en su campo del “rupturismo”. Y el “rupturismo” en este caso es hacer otras cosas o hacer las mismas cosas de otra manera. Todo ello siempre que al final se alcance el objetivo que se persigue.

Si tomamos este concepto como metáfora y lo trasladamos a la política catalana  –definiendo la política como el compromiso del ciudadano con la sociedad (el “zoon politikon” de Aristóteles)-, el último proceso de ruptura se llevó a término el día primero de octubre del 2017 con la declaración de independencia de Catalunya. Que las fuerzas de la represión española castigaran duramente a los participantes en el referéndum que llevó a la independencia, que se anulara la voz del pueblo, que en términos operativos el propósito final no se cumpliera, que las supuestas democracias occidentales se mantuvieran al margen, no invalida el poder de una ruptura que no tiene ni tendrá marcha atrás. No hay gradualismo, porque no puede haberlo para todos aquellos que vivieron de cerca ese momento histórico.

Ahora estamos en etapas de calma (que nos retrotrae a la “paz del cementerio”, que contábamos algunos en pleno franquismo), pero que nadie se equivoque. El ritornello está ahí. El Estado español (el profundo y el superficial, el estirado y el golfo) lo sabe sobradamente y por eso “infiltra”, “amenaza”, “provoca”, “vigila”, “controla” y lo que usted quiera añadir. Y eso que después de la tramposa “Transición” ha conseguido incrustar en Catalunya por primera vez un gobierno rabiosamente españolista, con la vergonzosa ayuda de uno de los partidos que se declaraba independentista (Esquerra Republicana), que antes era catalana pero que ahora apuesta por la multiculturalidad. Ese gobierno (un gobierno similar al de “Vichy”.1940) es el representante de las fuerzas de ocupación y sus integrantes responden a ese perfil. Son adictos al Régimen.

Y cuando ocurren estas cosas en el tránsito de la Historia y el proyecto rupturista no se materializa, los líderes se refugian para evitar la violencia del Estado, se organizan en el interior y en el exterior e inician un largo plan de trabajo para proseguir la consecución del objetivo no alcanzado, objetivo que en el caso de Catalunya no es otro que la independencia.

Así lo hizo en 1940 un militar de rango medio (Charles de Gaulle) que tras la invasión alemana y el armisticio acordado por el general Petain con la Wehrmacht alemana, se marchó a Londres y creó las bases de una unidad de trabajo (la “France Libre”) con el único propósito de recuperar las libertades perdidas de la Francia Republicana.

De la misma forma una buena parte del gobierno catalán marchó a Bruselas para crear un “gobierno en el exilio”, figura muchas veces repetida en distintos países y situaciones similares. El error –craso error– fue que la mayoría de esos consellers regresaron con la peregrina idea de que la justicia del Estado los comprendería. Llegaron sonrientes “con el lirio en la mano”. Ya sabemos que ocurrió. Triste y penoso.

Los “exilados”, con el apoyo financiero de miles de ciudadanos independentistas, trataron de crear un órgano de gobierno al que llamaron “Consell de la República”, gobierno que pretendía representar a todas las corrientes rupturistas, cualquiera que fuera su ideología.

Han transcurrido muchos años y el proyecto no ha funcionado. Las razones han sido varias. Podemos apuntar algunas como, por ejemplo, que el presidente del órgano (President de la Generalitat señor Puigdemont) fuera a su vez presidente de un partido político (Junts per Cat), que el líder del otro partido independentista (exvicepresidente de la Generalitat señor Junqueras) pusiera desde el primer momento todas las trabas inimaginables para impedir su éxito, que las corrientes marginales (la CUP y otras) hicieran lo que acostumbran a hacer: asambleas para no decidir nada. El Estado español también repitió su repertorio de juego sucio. Y para redondear el contencioso, han aflorado hace poco algunas dudas sobre la correcta utilización de los recursos. Todo ello muy confuso.

Y ahora, de forma algo repentina y poco trasparente, se han convocado elecciones para que los miembros del Consell voten a un nuevo presidente, tras la renuncia del President Puigdemont. Es por ello que creo  que antes de votar los que tienen derecho a ello (los que pagan su cuota como miembros) conviene hacer unas reflexiones de carácter cuantitativo y cualitativo. Veamos primero algunas cifras.

 

▪ En el referéndum para la independencia (2017) votaron a favor del Sí  2.020.144 ciudadanos.

▪ En las elecciones autonómicas del 2017, realizadas dos meses después de la aplicación del 155, los partidos independentistas mantuvieron el pulso al Estado con 2.079.000 votos. Era la confirmación de la voluntad política de los ciudadanos independentistas.

▪ En las elecciones del 2021 los partidos independentistas sufrieron una caída espectacular, con unos 700.000 votos menos que en el 2017.

▪ En el 2024 se repitieron globalmente los resultados del voto independentista correspondiente al 2021, con 1.360.000 votos, aunque en este caso la distribución del voto entre los partidos varió significativamente, con la interesante incorporación de Aliança Catalana, un pequeño partido de base local que cuestionaba el statu quo.

▪ El Consell de la República, creado en el 2018 como entidad privada radicada en Bélgica, tuvo su momento de gloria en el 2020 en el acto multitudinario del Parque de las Exposiciones de Perpiñán. En el 2021, 100.000 personas eran miembros de pleno derecho.

▪ En este momento (enero 2025) no sabemos la cifra real de sus adheridos, pero en el supuesto de que se mantuviera la cifra de 100.000, significa que apenas un 5% de los independentistas se han comprometido hasta ahora de verdad con el proyecto.

▪ A nuestro juicio esto ha ocurrido sobre todo porque no se ha explicado bien a la ciudadanía cuál era su papel y en qué medida ese papel podía resultar crítico para alcanzar la independencia.

▪ En una empresa privada, y el Consell de la República jurídicamente lo es, los responsables deberían ser cesados o presentar colectivamente su dimisión. Sin dramatismos. No deben seguir en sus puestos porque no han cumplido los objetivos marcados.

 

Pasemos ahora a la parte cualitativa y volvamos por un momento a lo sucedido en la Francia ocupada durante la II Guerra Mundial. De Gaulle fue acogido en Inglaterra con cierta reticencia y no se le proporcionaron suficientes medios como para que su voz pudiera tener el resultado deseado. Pero pronto supo el gobierno británico y más tarde el resto de los aliados de que más allá del símbolo “De Gaulle” Francia contaba con una potente y bien organizada red de resistencia, dirigida por Jean Moulin (un destacado miembro del radical-socialismo francés) y por líderes carismáticos como Henri Frenay, Emmanuel d’Astier de la Vigerie y Jean-Pierre Lévy, y sobre todo porque se apoyaba en la musculatura de los militantes comunistas franceses, que llevaban años trabajando en la clandestinidad. Eran gente muy diversa ideológicamente pero los unía un objetivo común.

Un país ocupado, y Catalunya lo es, necesita un plan de trabajo bien elaborado, y una doble organización interior y exterior con funciones definidas. Este es un trabajo de profesionales que compartan las ideas nucleares del proyecto, no de políticos vinculados a la dinámica de los partidos. Los políticos son los reyes de las palabras, venden joyas de esmerado diseño, pero cuando pasan a los hechos casi todo queda en bisutería.

El objetivo es muy claro: Se trata simplemente de recuperar la ilusión de lo que pudo ser y no fue. El 2 de marzo de 2018 el President Puigdemont hizo unas declaraciones a The Guardian en las que afirmaba: “El Consell de la República es como un gobierno en el exilio. No es un “gobierno en la sombra”. Preferimos trabajar en un espacio libre, sin amenazas ni temores. Actuaremos sin los problemas de la justicia o de la policía española. Es un gabinete o un gobierno que ha de representar nuestra realidad política. Queremos gobernar con la gente, no para la gente”.

Ahora se nos presenta la oportunidad de hacer borrón y cuenta nueva. Como socio adherido espero recibir la convocatoria de elecciones y el mecanismo para hacer el voto fácil, no para que sea un jeroglífico (como acostumbra a suceder curiosamente en estas opacas instituciones).

Yo votaré para presidir el Consell a Jordi Domingo. Conozco su perfil profesional, su trayectoria y su talante. Se mueve con suficiencia en el espacio internacional (aspecto clave). Sé que sufrió las andanadas del Estado cuando apenas se hablaba del rastreo viscoso con espías electrónicos. Sé de su empeño en recuperar el prestigio del Consolat de Mar, y de cómo el españolismo colaboracionista de siempre ha impedido su resurgimiento. Es un independentista independiente. Solo le pido que no ponga cordones sanitarios en su empeño y que se esfuerce en reconstruir la red de organizaciones territoriales del interior.

Tiene además coraje, algo poco corriente en estos tiempos.

 

 

  

 

Alf Duran Corner

 

« volver