EJERCICIOS NO ESPIRITUALES
Focus: Sociedad
Fecha: 12/04/2025
Cuando se aproximaba la Semana Santa, el colegio religioso en el que cursé el bachillerato organizaba unos actos de reflexión espiritual en un lugar apartado del bullicio urbano, en el que la disciplina, la oración en común, la frialdad de las celdas y los actos públicos de contrición (algunos de naturaleza catártica) resultaban más propios de un espectáculo del “Living Theatre” que de otra cosa. Luego nos íbamos a casa y recuperábamos la libertad, tan querida para un adolescente.
Pero como los hábitos dejan huella, algunas personas utilizamos los días de descanso de una Semana Santa secularizada (“gracias a Dios”) para reflexionar sobre nuestra vida, nuestro entorno más próximo y la situación actual de un mundo globalizado. Quizás seamos pocos (yo siempre he estado a favor de las minorías), porque el grueso de la población seguramente se amontonará en los aeropuertos, las estaciones ferroviarias o las sobrecargadas autopistas. De lo que se trata (según parece) es de “pasárselo bien” y en esto la distancia, el ruido, el ánimo de ver cosas nuevas y la presión contra el tiempo son elementos clave para que la explosión de “felicidad por encargo” se produzca. Lógicamente, no tienen espacio para reflexionar.
Es por ello que me olvido del grupo mayoritario y me dirijo a quienes sí disponen de tiempo para pensar en voz alta (aunque nadie los oiga) y sacar buen rédito de esos días de descanso.
Hay tantos temas sobre la mesa que resulta difícil ordenarlos y fijar prioridades. Lo dejo a gusto del lector. Me limitaré a lanzarlos como flashes para que cada uno saque sus propias conclusiones.
Veamos:
- El Parlament de Catalunya ha creado una comisión para que estudie todo lo relacionado con los “delitos de odio”. Resulta chocante esta insistencia en un tema de imposible medición. Recordemos que algunos policías y guardias civiles manifestaron públicamente en el juicio a los líderes independentistas que los ciudadanos catalanes que defendían pacíficamente las urnas con motivo del referéndum “los miraban con odio”. Lo que es seguro es que los parlamentarios catalanes implicados cobrarán unos pluses por su trabajo en esta comisión, inserta plenamente en la “cultura Woke”.
- Aunque lo de “Woke” es algo comúnmente aceptado, vamos a recordar que viene de “Wake up” (despierta). Es una llamada de atención a todo fenómeno social que pueda implicar teóricamente desigualdad / diferencia en términos de raza, sexo, género, exclusividad, clase social, actitud hacia el medio ambiente y un largo etcétera de variantes. Como tiene una condición interpretativa, se puede utilizar sin decoro. Por eso el comité sobre “los delitos de odio” es una filigrana de la cultura Woke. Mientras estás ocupado en estas cosas, no atiendes los temas que preocupan de verdad a la gente.
- Y ya que estamos en ello, hablemos de los miembros del Parlament y de sus condiciones económicas, unas condiciones económicas notables que van desde los 8.000 euros brutos fijos mensuales del President a los 3.000 de cualquier diputado. A esto hay que añadir todo tipo de complementos, algunos exentos de tributación como es el caso de las dietas por desplazamiento (te desplaces o no te desplaces). Es por eso normal que se propicie la formación de comités de estudio. Sobre la creación de comités siempre me gusta recordar el comentario de Ross Perot, el conocido empresario americano que se presentó como candidato independiente a las elecciones presidenciales de 1992 y 1996. Dijo al respecto: “Si ves una serpiente, mátala. No crees un comité sobre serpientes”. También es cierto que la participación en comités es una forma de rellenar su tiempo, pues cuando están en el Parlament sentados en su sillón lo están en actitud silenciosa (con la ayuda inestimable del móvil), ya que así lo marca el protocolo. Total para lo que hacen podrían quedarse cómodamente en su casa.
- Hace ya muchos años (demasiados) que en Catalunya no estaba bien visto socialmente trabajar como funcionario. Después de la guerra civil y tras las depuraciones políticas, el mundo de los funcionarios era de matriz castellana, no solo por la lengua impuesta sino por su origen. La cultura catalana (en términos antropológicos) impelía a la iniciativa privada, bien como empresario bien como empleado.
- Tras el proceso autárquico del Estado español (1940-1959), la economía se abrió al comercio y a la industria. El trabajador optó por la empresa privada porque, entre otras cosas, se ganaba más. La opción “funcionario” tenía la ventaja de un puesto para toda la vida y menores exigencias laborales.
Pero todo esto ha ido cambiando a pasos agigantados, sobre todo a partir del momento en que el Estado se inventó el “café para todos”, la España de las autonomías, para impedir que las naciones históricas (Catalunya y Euzkadi) se independizaran. El Estado centrifugó las operaciones a las Comunidades Autónomas pero mantuvo el poder centralizado, multiplicando el número de funcionarios totales.
- Todos los vicios del Estado español (uno de cuyos valores esenciales - de origen religioso - es interpretar “el trabajo como castigo”) se han trasladado a las naciones periféricas (sobre todo a Catalunya por su dimensión poblacional y el peso migratorio) y han venido para quedarse. Ahora es mejor trabajar para la Administración Pública que para la empresa privada. Gozas de todos los privilegios del funcionario (es casi imposible que te despidan) y nadie te presiona como puede ocurrir en la opción del mercado libre.
- Ya nos avisó Hobbes (que no juega en el Real Madrid) y su figura del Leviathan (siglos XVI – XVII). Si no lo controlas, el Estado crece sin parar. Es la metástasis del poder. En su momento Max Weber (XIX – XX) defendió su papel racionalizador para distanciarlo del poder de “la cruz y la espada”. Pero las circunstancias han cambiado.
- La experiencia empírica demuestra que el Estado hace mejor su papel como controlador que como gestor. El problema estriba en que incluso como controlador su aportación de valor económico y social es muy pobre. Si nos descuidamos llegará un momento en el que habrá más controladores y afines que personas trabajando en el mercado libre. Y las cuentas públicas (que no están sanas) irán a peor.
- Ahora que la señora Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea y con un pasado plagado de denuncias y contenciosos por corrupción, tanto en su etapa como ministra de Defensa alemán como en su etapa actual, ha lanzado el órdago de “rearmarse” a un coste de 800.000 millones de euros, me pregunto qué cuota tocará al Estado Español. Lo más probable es que la destinen a ampliar “las fuerzas de seguridad” nacionales, autonómicas y locales, fuerzas que curiosamente no han impedido que el crimen generalizado, el asalto, la violación y todo un conjunto de delitos (estos sí que lo son y no los de “odio”) campen a lo ancho del territorio.
- Todos sabemos que las armas son destructivas por naturaleza. Son antieconómicas. Se da la paradoja de que crean valor mientras se fabrican y lo destruyen al ser usadas. No pueden almacenarse indefinidamente porque el stock ha de financiarse y esto afecta a las arcas públicas. Por eso la única opción es crear una demanda, aunque sea artificial. Y esa demanda explica las continuas guerras que se producen diariamente, unas más notorias que otras pero todas igual de negativas.
- Porque la “creación de valor”, de auténtico valor, se hace produciendo y comercializando cosas que contribuyan al progreso económico de la sociedad, no haciendo desfiles ni poniéndose medallas, ni tampoco presionando fiscalmente a los agentes económicos.
- Y si volvemos a nuestras queridas instituciones autonómicas (que tan bien retratan Arnau Borràs y sus colegas en “La Catalunya woke”), nos encontramos con una derivada descontrolada en términos de costes públicos: los honorarios de asesores y consultores adscritos a los cargos políticos. Aparte de asegurar una dotación económica a los amigos más fieles, imagino que es símbolo de estatus. Si no tienes un asesor a tu vera es que no eres nadie. Solo hace falta rascar un poco para ver el dispendio. En el Parlament hay asesores de 30.000 euros anuales y en una escalada prodigiosa los hay de 80.000. En las Diputaciones la fiesta es de mayor calado. Hay montones. Para cualquier cosa. En la de Barcelona los tienen codificados (de N1 a N8), con sueldos que oscilan entre los 3.000 y los 7.000 euros mensuales. Y en ese órgano que goza de especial opacidad (la área Metropolitana de Barcelona) hay un rosario de viejas glorias bien colocadas a la espera de su jubilación. No voy a insistir, pero si quieren distraerse buceen también en el mismo apartado del Ayuntamiento de Barcelona. Es un escándalo. Y todo esto, queridos contribuyentes, lo pagamos nosotros.
- En este entorno, ¿a quién se le puede ocurrir llevar adelante un proyecto económico privado que no sean los “superguay” de las nuevas tecnologías? Sólo lo podrán hacer los que gozan de situaciones de monopolio u oligopolio, grandes empresas, muchas de ellas antiguas empresas públicas privatizadas entre amigos y conocidos. Y estos últimos juegan en otra liga y engrasan cuando conviene la máquina burocrática.
- Yo que siempre he ejercido de privado (una primera etapa como directivo empleado y otra más larga como empresario) encuentro escandaloso que los funcionarios (políticos o de carrera) tengan asesores. En el mundo real, las empresas contratan un asesor/consultor cuando hay un proyecto que con sus medios no pueden resolver o cuando el tema no es recurrente. Se trabaja por proyecto. El asesor hace su trabajo y se va. Porque en el caso hipotético de que se quedara, alguien en la zona de mando debería intervenir. No se puede institucionalizar un equipo de asesores. ¿Son necesarios? ¿Están ahí para tapar las vergüenzas de sus jefes? Si nos fijamos en como describen su función, las tareas a realizar resultan de lo más chocante. El que fue mi padre profesional (director general de una gran compañía química) me enseñó una regla muy sencilla: si un empleado no viene un día por la razón que sea, no pasa nada. Si no viene en una semana y tampoco pasa nada, empieza a reflexionar. Si no viene en dos o como mucho en tres semanas y no pasa nada, es que el puesto sobra. Quizás el empleado no, pero si el puesto. Si esta regla la aplicáramos a la Administración Pública en su más amplio espectro, la demanda de trabajo en el mercado libre se dispararía. Sobra mucha gente. No aportan ningún valor, ni económico ni social. Y que no piensen en las “puertas giratorias”, pues éstas solo funcionan arriba, en los pisos altos.
Siempre me gusta hacer un aparte con los sectores de la Sanidad y la Educación Públicas. Son también funcionarios, pero sus motivaciones y valores son muy distintos. Forman parte de nuestro mejor activo. Mi crítica no va con ellos.
- Y ahora que el entorno global se ha puesto más complicado con la política arancelaria del gobierno de Estados Unidos, las “cabezas pensantes” de la burocracia local, autonómica, nacional y europea se han puesto a “pensar” (con la ayuda de consultores y asesores) para ver qué se puede hacer. Son unos inútiles que sólo son capaces de presentar propuestas de manual, pues raramente han asumido riesgos que pudieran afectar a su propio bolsillo. Deciden cosas con dinero que no es suyo, lo que en términos técnicos se describe como “azar moral”. Si se equivocan no pasa nada. ¿Qué les importa, por ejemplo, a la señora Colau y al señor Collboni que las “illes verdes” o los “carriles bici a gogo” hayan provocado caos de movilidad, hayan afectado al comercio local, hayan creado malestar a los sufridos peatones? Pueden acertar o equivocarse, pero no hay riesgo. En la empresa privada si te equivocas y es reparable te avisan. Una vez. Si se repite te echan. Y están en su derecho. Esto no es un juego, aunque para los políticos profesionales lo parezca.
- En la empresa privada bien gestionada saben que las dependencias se pagan muy caras. Que hay que evitar que un cliente, un segmento poblacional o un mercado tengan tal peso en tu negocio que sus oscilaciones te hagan tambalear. Si un productor de cava catalán tiene su negocio centrado en el mercado norteamericano, tendría que haber tomado medidas para reducir la dependencia. Si no lo ha hecho (y fue avisado) es que ignora las leyes del mercado. El presidente Trump avisó con suficiente antelación. Lo más llamativo del caso es que las sanciones económicas de la UE y del gobierno Biden a las empresas que comercien con Rusia, han cerrado las puertas de un mercado de 150 millones de personas. Un mercado que ha dejado de comprar a Europa y ha orientado su comercio de consumibles hacia China y la India. Esta intromisión de la política en los negocios se pagará muy cara, como saben muy bien los industriales alemanes que están pagando la energía a un precio medio cuatro veces superior al del 2021(cuando el gas ruso llegaba vía Nord Stream).
- Veremos como acaba la “movida arancelaria”, pero lo que sí es seguro es que va a provocar un mayor caos en las cadenas de suministro, caos superior al que sufrimos con el Covid. Lo que también está claro es que la globalización ha caído en picado y el proteccionismo ha adquirido protagonismo. En este sentido cabe recordar que Estados Unidos es uno de los pocos países del mundo autosuficiente (como lo es la Federación Rusa) y puede aguantar la embestida mejor que otros. Dicho esto, en cuatro años es muy difícil (por no decir imposible) reindustrializar un país que ha trasladado sus fábricas principalmente al Sudeste de Asia. Muy buena parte del déficit comercial norteamericano es debido a la importación de productos no esenciales. Eso sí, el que quiera comprar un producto procedente del exterior pagará más por él. El incremento lo paga el consumidor final. Lo de “Make America Great Again” está bien como eslogan, pero exige tiempo, mucho tiempo, para llevarlo adelante.
- Dicho esto, no podemos caer en un error de aficionado respecto al papel del arancel como instrumento de política económica. El arancel no es bueno ni malo; depende de cómo y cuándo se usa. El arancel está pensado para construir y luego proteger una industria propia. Justamente lo contrario de lo que recomendaba el “consenso de Washington” (1989) en el que el FMI apostaba por una liberalización económica del comercio, que abrió los países en desarrollo a los mercados mundiales. La poca industria que esos países habían empezado a desarrollar fue barrida por las multinacionales, que entraron amparadas por las instituciones, todo ello acompañado por la desregulación, la reforma tributaria, la reducción del gasto público y la privatización de las empresas estatales. No todo el mundo claudicó y por razones geoestratégicas Estados Unidos ayudó a Corea del Sur a crear una industria propia tecnológicamente avanzada, que gracias a una dura política arancelaria dio fruto a grandes corporaciones industriales como Samsung, Hyundai, LG, etc.(las famosas “chaebol”). La clave es como gestionas el tiempo. Primero te cierras y luego, de forma gradual, te vas abriendo a la competencia mundial. Catalunya, por ejemplo, protegió su industria textil a finales del XIX y buena parte del XX, pero no supo gestionar bien el tiempo y quedó limitada al mercado español. Luego, gracias a la incorporación a la UE y con muchas dificultades, se fue abriendo a los mercados exteriores, reduciendo drásticamente su dependencia del mercado más próximo. El caso de Estados Unidos es muy distinto, pues fueron sus industrias manufactureras las que se desplazaron voluntariamente al exterior para reducir el coste de la mano de obra. Ello generó en su propio país una gran masa de especialistas de la industria (“el cinturón del óxido”) que se habían quedado sin trabajo y tuvieron que ajustarse a trabajos en el sector servicios de bajo valor añadido. La renta disponible por habitante disminuyó y con ello el consumo. Pero en política económica, como en todo, hay que ser muy fino, si no quieres acabar mal. Stephen Miran, el presidente del actual Consejo de Asesores Económicos apuesta por un enfoque más cauto. Está a favor del aumento de tarifas, pero de forma selectiva y gradual. Reconocen que el Presidente tiene razón cuando a través de su Secretaria de Prensa (Caroline Leavitt) dice: “Nuestro país ha sido una de las economías más abiertas del mundo. Pero demasiados países extranjeros tienen cerrados sus mercados a nuestras exportaciones. Esto no es jugar limpio. La falta de reciprocidad contribuye a nuestro gran y persistente déficit comercial… No vamos a dejarnos estafar más”. Miran, al igual que el Secretario del Tesoro Scott Bessent, cree que el camino a seguir es la devaluación del dólar. Y aquí está la gran apuesta. La teoría económica dice que si aumentas las tarifas arancelarias la moneda se revalúa, anulando los efectos de la subida. Miran es un heterodoxo en política monetaria y piensa lo contrario. Si el dólar sigue cayendo y se devalúa, por ejemplo, un 20% frente a las principales monedas, la economía norteamericana recibirá un gran impulso hacia adelante. Luego ya se podrán ir reduciendo las tarifas. Por favor, dejen de “panicarse”. Nunca pasa nada.
- Hay otra parte interesante del mandato de Trump y es el trabajo sobre el desmantelamiento de parte de la estructura burocrática del Gobierno Federal y de las numerosas agencias (como la USAID) que se nutren de los presupuestos del Estado. Que a Trump le fallan las formas ya lo sabíamos. Que la distancia entre lo que dice que hará y lo que puede hacer es importante. Pero también hay que señalar que muchos analistas independientes llevan décadas denunciando los abusos del entramado de Washington. Hay que recortar y lo está haciendo a su estilo. A veces acierta y a veces no.
- Y ya que hablamos del presidente Trump y de sus acciones, si es capaz de tender lazos con el presidente Putin y cerrar definitivamente el contencioso de Ucrania, será digno de un merecido aplauso. Si los sucesivos gobiernos demócratas de Estados Unidos no hubieran practicado con asiduidad una política de provocación a la Federación Rusa en el tema de las bases de la OTAN, no habría habido invasión, el mundo estaría más tranquilo y la actividad económica mundial se habría estabilizado. No se puede volver atrás, pero se puede hacer borrón y cuenta nueva. Al gobierno ruso le han mentido tantas veces (Reunificación alemana, Protocolo de Budapest, Minsk 1, Minsk 2, Estambul 1, Estambul 2, etc.) que ya no se fía. Su ejército tiene la guerra ganada y no se moverá de los territorios de cultura rusa que ahora ha incorporado. Recuperar económicamente la Ucrania que quedará sin los óblast (regiones) pasados a la Federación Rusa no será tarea fácil y llevará largo tiempo. Esta salvajada, potenciada por los líderes occidentales, ha distanciado a dos pueblos estrechamente unidos por razones culturales, históricas, familiares, etc. Ya nada será como antes. Merece la pena leer el largo relato del periodista Shura Burtin, que ha hablado con muchos ucranianos a lo largo de varios meses, gentes sencillas, ciudadanos de a pie, relato que ha titulado “Por favor, no menciones mi nombre” y que se puede encontrar en el blog de Rafael Poch de Feliu. Contrasta esta desgarradora historia con las continuas “performances” del señor Zelenski, embutido en su bello traje de combate, y su corte de “cheer-ladies”.
- Claro que Trump no puede obviar el trabajo sucio del “partido de la guerra”, partido liderado por una serie de políticos europeos fracasados, entre los que los señores Macron y Starmer destacan por su aire desafiante. Como en sus propios países han perdido el voto popular y se ven arrinconados, tratan de gallear como si todavía tuvieran capacidad para cambiar el curso de la historia. Arropados por una “Comisión europea” de muy bajo nivel (con personajes nefastos, como la señora Kaja Kallas), amenazan con intervenir en Ucrania con sus comandos de acción, aquellos comandos que en nuestra adolescencia se plasmaban en tebeos como “Hazañas bélicas”. No quieren la paz y todavía aseguran que van ganando, que es una manera explícita de reconocer que sus fuerzas mercenarias operan directamente en el conflicto. Trump los puede parar, pues sin los “servicios de inteligencia” norteamericanos la guerra habría terminado hace tiempo. Pero tiene que hacerlo sin dilación, antes de que sigan provocando con episodios de falsa bandera.
- En nuestro humilde nivel doméstico y como parte del bloque político-mediático occidental tenemos a la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals, que al igual que Esquerra Republicana ha soltado su catalanidad y se ha unido al “partido único”, que es el que mejor paga. Se hacen eco del catecismo imperante, nos cuentan las idas y venidas del señor Zelenski, manifiestan su solidaridad con los líderes europeos y tienen la desvergüenza de hablar en nombre de todos nosotros. Que quede muy claro que su idea de Europa no es la nuestra. En la Corpo hay muchos empleados (cerca de 3.000) pero no trabajan solos. Aquí tenemos también el fenómeno de “asesores y consultores”, que colaboran con sus honorarios a hacer llegar el presupuesto anual de la institución a una cifra cercana a los 350 millones de euros. Pero en esta ocasión los “asesores y consultores” se han transformado en productoras propias creadas por el personal de la casa. Es una ingeniosa vía de externalizar por dentro. El dinero, como siempre, va a cargo de los contribuyentes.
- Suerte tenemos que entre las muchas plataformas sociales de comunicación que operan a través de YouTube hay una selecta colección de analistas de prestigio como Jeffrey Sachs, Pascal Lotazz, Adrián Zelaia, Michel Onfray, Caroline Galacteros, Emmanuel Todd, John Mearsheimer, Alfredo Jalife, Glen Diesen, Jacques Sapir, Alberto Iturralde y unos pocos más. Son gente preparada, documentada, que van al fondo de las cosas sin a prioris. Su trabajo deja en ridículo a los tertulianos oficiales que pululan en los medios, a los comentaristas de la prensa escrita, a los corresponsales con gastos pagados que se limitan a traducir la prensa local. Búscalos y te enterarás de lo que ocurre de verdad en el mundo.
- Porque entre la fauna mediática occidental es muy difícil encontrar un medio no subvencionado. A raíz del análisis que el equipo de Elon Musk ha empezado a hacer sobre las asignaciones concedidas por Estados Unidos a muchos medios de comunicación (a través de USAID, una agencia pública norteamericana), se ha conocido que hasta la siempre admirada y teóricamente independiente BBC recibía ayudas directas de millones de dólares. A nivel catalán, los medios privados subsisten gracias a las subvenciones y a la publicidad institucional. Su opinión queda secuestrada por el poder político que, a su vez, reporta con devoción a las oligarquías dominantes. No hay capacidad crítica. El guion está servido. Todo el mundo recita la misma canción.
- Vamos cerrando con un flash sobre el dinero. El Banco Central gestiona la masa monetaria. Pone más o pone menos, según convenga. Para eso cuenta con conocidos instrumentos técnicos. En el caso de Europa el Banco Central lo tiene complicado porque el euro es moneda única de un conjunto de países con cuadros macroeconómicos muy diversos y en ocasiones discrepantes. Los países europeos cuentan con unos presupuestos públicos, con ingresos y con gastos. Si lo primero es superior a lo segundo, su Tesorería se agranda. Si es al revés, el Déficit se acumula. Si aumentas los impuestos para taparlo, la renta disponible de los ciudadanos disminuirá y así el consumo y la inversión. Puedes endeudarte, si el mercado acepta tu papel. Pero entonces tendrás que pagar intereses a tus acreedores y estos se sumarán a tus gastos. Lo vuelvo a citar porque la ingeniosa idea del rearme de Europa a un coste de 800.000 millones de euros es un disparate. ¿A cuántos millones de ciudadanos europeos vamos a tener que sacrificar para que unos señoritos iletrados lleven adelante sus húmedos sueños?
- Y ahora sí, concluyamos nuestro último flash también sobre el dinero, sobre nuestro dinero. Una de las razones por la que aposté por una Catalunya independiente fue comprobar “el robo sistemático” que el Estado español hacía sobre la Hacienda catalana. Hacía y sigue haciendo, aunque parece que la ciudadanía independentista se ha olvidado o ha aparcado el tema. Siempre es lo mismo: ingresos menos gastos. Los ingresos de la Hacienda catalana (de cualquier hacienda) son básicamente los impuestos (los directos, los indirectos, etc.) y los gastos se dividen entre el gasto corriente y la inversión. En una Catalunya independiente y en las circunstancias actuales, los ingresos serían muy superiores a los gastos. En una Catalunya autonómica ocurre lo contrario porque de cada euro que pagamos y recauda el Estado, solo retornan sesenta y cinco céntimos para cubrir las necesidades de gastos e inversión en el territorio. Esto se llama Déficit Fiscal y el que no lo entienda es que es idiota, en la mejor interpretación de los sabios de la Salpêtrière, cuando Charcot, Freud y Bleuler estudiaban trastornos mentales. En el colmo de las estupideces y como a la Generalitat no le llega suficiente dinero para pagar los gastos, se lo pedimos al Estado y nos lo presta con intereses a través del FLA (Fondo de Liquidez Autonómica) que se ha cimentado con el dinero que anualmente nos quitan de nuestros bolsillos. Esto en Catalunya le llamamos “Cornut i pagar el beure”, es decir, no solo permitir que un tercero se agencie a nuestra mujer sino asumir también los gastos de la fiesta. Y este Déficit Fiscal es del 8% del PIB generado, que hoy supondría un ingreso adicional de 24.000 millones de euros. Y si no les gusta lo de robar, pueden utilizar otros sinónimos como saquear, desvalijar, distraer, quitar, timar, sustraer, hurtar y ya puestos en plan castizo, trincar y mangar.
- ¿Por qué de una santa vez y por todas estos comités de políticos ineptos y su corte de asesores-consultores no se ponen a analizar este tema (el Tema nuclear por excelencia) para luego enfrentarse al Estado y proponer soluciones viables con objeto de resolver los continuos problemas del transporte público, de la sanidad, de la educación, de los servicios sociales y de las infraestructuras? No creo que lo hagan, pero es bueno que la ciudadanía catalana lo tenga bien presente cuando vaya a depositar su voto.
Lo dejo. Espero que mis reflexiones –las comparta o no– le hayan resultado interesantes para cultivar su espíritu crítico. Hay que curtirse para cuando llegue el mal tiempo.
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