EL GRAN TINGLADO

Focus: Política
Fecha: 30/12/2023

Sin que apenas nos demos cuenta, continua produciéndose un flujo de ciudadanos que dejan la política profesional (espacio en el que sus salarios y prebendas iban a cargo de los contribuyentes), para entrar en la esfera privada, en cargos de nueva creación bien remunerados o directamente en los consejos de administración de grandes empresas oligopolísticas muy vinculadas al aparato del Estado.

Últimamente se ha dado el caso de la señora Arrimadas, que ha pasado por la política en un tándem de hooligans, bien acompañada por el señor Rivera, que tiempo atrás también dio el paso adelante, aunque hasta ahora con escaso acierto. Y es que el activo principal de los políticos profesionales es su lista de contactos y el juego de favores que pudieron prodigar cuando todavía gozaban de poder político y de notoriedad mediática. La primera fase del período llamado “democrático” se inició con los señores González y Aznar y su amplia lista de acólitos, todos ellos bien colocados. Que la señora Sáenz de Santamaría, vicepresidenta del gobierno Rajoy, fuera fichada por el bufete Cuatrecasas en calidad de abogada, tiene una lógica interna de fácil comprensión si se conocen los problemas fiscales del señor Emilio Cuatrecasas.

En Catalunya también tenemos muchos políticos que ejercen de “gatekeepers” (el que abre y cierra la verja según convenga a sus intereses), aunque todo es más precario por las limitaciones que impone el Déficit Fiscal, porque las oportunidades del sector privado son menores y porque la cultura catalana no es ostentosa como la castellana y la gente se conforma con complementos adicionales.

Claro que cuando te distancias y tomas como referencia a los países anglosajones, la escala tiene otra dimensión. De los tres tipos que en las Azores (marzo del 2003) alardearon de poder y amenazaron con una guerra al presidente del gobierno iraquí Sadam Husein si no desmontaba sus “armas de destrucción masiva” (una reconocida y escandalosa mentira), el único con un patrimonio familiar notable era George W.Bush, presidente de Estados Unidos. Los otros (José María Aznar y Tony Blair) eran dos funcionarios que habían llegado a jefes de sus respectivos gobiernos nacionales. En la actualidad George W.Bush sigue disfrutando de su holgada posición económica, se dedica a fundaciones caritativas y mantiene políticamente un perfil bajo. El señor José María Aznar ha mejorado ostensiblemente su patrimonio (gracias al manejo de las puertas giratorias) y continúa fomentando su frente ideológico, pero todo ello dentro de los parámetros de un Estado endeudado, corrupto y mediocre.

El más listo de la clase ha sido sin lugar a dudas el simpático Tony Blair. Considerado el hijo “natural” de Margaret Thatcher, el señor Blair fue primer ministro británico durante diez años (1997 – 2007) y líder del partido laborista durante trece (1994 – 2007). Perteneciente a la clase media baja (su padre se graduó tardíamente en leyes mientras trabajaba como funcionario fiscal en la Administración pública), Tony no fue a ninguna escuela de élite, aunque acabó graduándose en Oxford en jurisprudencia (un grado menor). Esto le permitió ejercer de abogado durante un breve tiempo.

En 1975 (recién graduado) se hizo miembro del partido laborista. Tenía 22 años, era fan de los Rolling, incluso intentó abrirse camino sin éxito como promotor musical. Su carrera en el partido tuvo altos y bajos, por lo que nadie podía imaginar el futuro que le esperaba. En 1982 se autodefinía como situado a la izquierda del partido, asumiendo su componente marxista. Pero a medida que fue alcanzando cotas de poder se fue desplazando hacia el centro. Más tarde al “centro extremo” o al “extremo del centro”, ya en el linde del conservadurismo pragmático de Margaret Thatcher.

Su mayor acierto personal fue inventarse el “Nuevo Laborismo”, etiqueta construida por su sociólogo de referencia (Anthony Giddens), sociólogo que en 1997 fue nombrado director de la poderosa London School of Economics. En la década de los noventa la suerte le acompañó, pues tras años de gobiernos conservadores mediocres (después de la renuncia política de la señora Thatcher) y habiendo ocupado distintas posiciones en el gabinete en la sombra del partido laborista, se hizo (1994) con el liderazgo del partido. Ya por aquel entonces y puestos a inventar había lanzado la idea de un “socialismo democrático”, lo que le permitió poner en el congelador el viejo principio de la propiedad colectiva de los medios de producción. Era simple oportunismo, ya que en 1989 la utopía comunista se había liquidado estrepitosamente.

Su victoria en las elecciones generales de 1997 fue un paseo triunfal. Obtuvo 418 escaños, frente a los 165 de John Major (partido conservador) y los 46 de Paddy Ashdown (partido liberal democrático). La coyuntura económica jugó también a su favor, sobre todo en los primeros años. Tuvo aciertos políticos notables, en especial el cierre del conflicto irlandés con el “Acuerdo del Viernes Santo”. Pero sus errores dejaron huella, en especial cuando se vinculó a los intereses del gobierno americano en Afganistán (2001) y en Irak (2003). En ese año su popularidad cayó en picado, hasta el extremo de que muchos de sus compañeros de partido y buena parte del arco parlamentario laborista se opusieron frontalmente a la guerra de Irak. Tres años después (2006) anunció su renuncia, que se materializó en el 2007. Más tarde reconoció parcialmente sus errores, pero como es un buen vendedor y un mentiroso compulsivo, se escaqueó como si no fuera con él.

Como simple acotación, para seguir luego con las andanzas del señor Tony Blair, esa combinación de “buen vendedor y mentiroso compulsivo” ha creado escuela, como podemos ver en los casos del señor Macron (Francia) y del señor Sánchez (España).

Cuando Tony Blair dejó la política profesional y pasó al sector privado, no tenía ninguna necesidad de que lo colocaran en algún consejo de administración (como hacen los españoles de forma grosera y cutre). Era consciente de sus capacidades como orador y empezó a dar conferencias, tanto en el ámbito privado como en el institucional. El éxito lo acompañó. Sus honorarios por conferencia se movían en una horquilla de 200.000 a 230.000 dólares, el doble de lo que facturaba su amigo y colega Bill Clinton. Pronto hubo lista de espera, que él supo explotar con mesura. Y fue entonces cuando Jamie Dimon, el boss de JP Morgan y uno de los “reyes del universo” de Wall Street, lo contrató como asesor personal por un millón de dólares anuales. No es que Dimon necesitara que alguien le abriera la verja (pues las llaves las tiene él desde hace muchos años), sino que conectaba con el estilo desenfadado del ex Primer Ministro, los valores que éste defendía y su capacidad para seducir a la gente. Podríamos decir que Blair era el coacher de Dimon, que se podía permitir este fleco personal. Luego vino el boss de Allianz y Tony Blair empezó a darse cuenta de que había una línea de negocio por explotar. Se diría que de la misma forma que en los setenta en la ciudad de Nueva York todo el mundo que podía pagárselo tenía psicoanalista, ahora se había abierto la veda para los coachers.

Y parece ser que en ese momento hubo una cierta catarsis en la mente de este ciudadano. Fue cuando constató que el producto a vender era él (una celebrity) y que su mercado eran los tipos como él que gobernaban en los distintos países del mundo. Por eso en América le han puesto la etiqueta de que es el McKinsey de los líderes mundiales.

Su actividad se disparó con un abanico de empresas (unas no lucrativas y otras sí, aunque todo es muy opaco) que iban desde la Tony Blair Faith Foundation, la Tony Blair Sports Foundation, la Tony Blair Governance Initiative, la Cherie Blair (nombre de su esposa) Foundation for Women, el Tony Blair Associates y otras. Las no lucrativas recibieron rápidamente importantes donaciones, que alcanzaron al poco tiempo diez millones de dólares. Uno de sus más conocidos donantes fue Larry Ellison, el multimillonario fundador de Oracle, con vínculos directos con Donald Trump, que hasta la fecha ha destinado unos ochenta millones de dólares a los proyectos de su amigo.

En el 2017 Blair integró todos sus proyectos empresariales en una sola marca (el Tony Blair Institute for Global ChangeTBI -) que tiene como propósito algo tan genérico como “promover una visión global para gobiernos y organizaciones”. Detrás de este concepto se hallan cosas más concretas: Está a favor de la digitalización y de las nuevas tecnologías (en especial de la Inteligencia Artificial), critica la fiscalidad progresiva y también lo que el describe como “un populismo de izquierdas”. Sus principales clientes se hallan en el Medio Oriente, Europa del Este, África y el Sudeste de Asia, sin importarle el tipo de gobernanza (unos cuarenta gobiernos, según sus recientes declaraciones al “Financial Times”, entre los que se encuentran los de Rwanda, Malawi, Senegal, Kenya, Ghana y Arabia Saudita). Factura ciento cuarenta millones de dólares y cuenta con unos ochocientos profesionales ubicados en cuarenta países. Algunos analistas consideran que ahora tiene más poder del que tenía cuando residía en el 10 de Downing Street. Blair asegura trabajar para el instituto un ochenta y cinco por ciento de su tiempo a coste cero, ya que no tiene salario. Sus ingresos corrientes los tiene a título individual, ya que por ejemplo es miembro del consejo internacional de JP Morgan. Su patrimonio personal se estima en unos ochenta millones de dólares.

Tony Blair está creando escuela, aunque no todos los candidatos son tan listos como él. La polémica ha saltado ahora porque el actual líder laborista Keir Starmer es un discípulo político de Blair y no oculta que le pide consejo oficiosamente con cierta frecuencia. Si como dicen las encuestas los laboristas se harán de nuevo con el poder en las próximas elecciones generales del Reino Unido, la pregunta es quien gobernará de verdad ese país. No será un “gabinete en la sombra”, como gustan de tener los británicos. Será un “hombre en la sombra” que ha construido un soberbio tinglado político, en una sociedad mundial en pleno desconcierto.

 

 

 

Alf Duran Corner

 

« volver