ES LA ARITMÉTICA, ESTÚPIDO / 3

Focus: Sociedad
Fecha: 18/10/2026

Se trata de la rama más humilde de las matemáticas, aquella que se ocupa de las operaciones simples (sumar, restar, etc.) con la que nos entretenían en las escuelas de párvulos de nuestra primera infancia.

Parece que voluntariamente queremos olvidarnos de ella para dedicarnos a elucubrar sobre la inteligencia artificial. Y la cosa es muy simple, al alcance de todo el mundo: ingresos menos gastos.

Para una persona, para una familia, para un país. El saldo a veces es positivo y otras negativo. Y el valor del saldo condiciona nuestra vida. Por eso debemos ocuparnos, prestarle atención, buscar soluciones. Ocultar la realidad, inhibirse, dejarlo en una zona grisácea, maquillar el muñeco, es una falta de responsabilidad, una dejación de los compromisos sociales obligados.

Esto es lo que ocurre en el Estado español con las pensiones. No es un tema de derechas ni de izquierdas. Es un tema de cálculo elemental.

Vale la pena señalar al respecto – a modo de acotación – que desde la caída del muro de Berlín (1989), las diferencias en términos de valores entre derecha e izquierda, en el mundo occidental, se han ido disipando. Hoy solo existe un partido único controlado por las corporaciones, partido dirigido por los políticos más mediocres de los últimos cincuenta años. Hay una lucha de egos para ocupar las parcelas de poder que les dejan sus amos y defender sus bien remuneradas poltronas.

Por eso los partidos utilizan las pensiones como instrumento de manipulación a su favor, en un sentido o en otro. Son incapaces de analizar con rigor cuáles son las causas del problema.

Fue el gran estadista Otto Von Bismarck, quien a finales del siglo XIX implantó en Alemania las bases de un sistema de seguridad social que incluía prestaciones económicas para los empleados mayores, excluidos por edad del régimen laboral. Bismarck tomó esta medida por razones políticas, visto el auge de las corrientes socialistas en el mundo obrero, que cuestionaban su gobernabilidad.

El siguiente paso, este de mayor calado, lo dirigió un aristócrata inglés con formación económica (Lord Beveridge), que en 1942 presentó un informe, que el gobierno laborista llevó a la práctica después de la guerra, en el que se extendían los servicios de la Seguridad Social al conjunto de la población, incluidas las pensiones.

En definitiva, que el tema de las pensiones viene de muy lejos y ha tomado distintos caminos.

Cuando se consolidó en toda Europa, el método generalmente aplicado para pagar las pensiones era el de repartición. La pirámide demográfica era de libro (y así lo estudiamos en Deusto). En la base había muchos niños y en el extremo superior unos pocos ancianos. El grueso de la pirámide estaba constituido por un bloque consistente de personas que trabajaban desde los dieciséis o dieciocho años hasta los setenta. Trabajaban y cotizaban, junto a las empresas, para llenar la bolsa de las pensiones, Muchos trabajadores y pocos pensionistas. El sistema funcionaba.

Pero el mundo, ese mundo (“idílico” en cuanto a las pensiones), ha sufrido distintos shocks, endógenos y exógenos, que han hecho obsoleto el sistema de reparto.

Entre los exógenos destaca la “esperanza de vida”, que a finales de la II Guerra Mundial se movía en Europa entre los 45 y los 65, y ahora va de los 82 a los 84. Esto significa que hay muchos más pensionistas (diez millones en España) y que cobran la pensión durante muchos años, ya que se jubilan de promedio entre los 63 y 66 años. Las proyecciones dan la cifra de 15 millones de pensionistas en el año 2050.

Una segunda variable explicativa es la baja tasa de natalidad. En España se ha pasado de 20 nacimientos por cada 1.000 habitantes en los años 50 del siglo pasado a 6,6 en la actualidad, 1,16 hijos por mujer. Esta media sería mucho más baja si se limitara a las mujeres nacidas en el país, ya que las mujeres inmigradas tienen más hijos. Además, hay más defunciones que nacimientos. Visualmente la pirámide demográfica parece invertida y desequilibrada.

La tercera variable es endógena y de ella apenas se habla. Catalunya continúa siendo el territorio donde el sector industrial tiene porcentualmente mayor peso. Pero la “fábrica” es más pequeña. Los empleados del sector industrial tienen ingresos superiores a los de los sectores primario y terciario. Luego cotizan más. Como esta fuerza laboral ha disminuido, el grueso de la cotización ha bajado. En contrapartida ha subido espectacularmente el volumen de empleo en el sector terciario, sobre todo en servicios para el sector turístico (Horeca = hoteles, restaurantes, cafeterías, etc.). El turismo ha crecido exponencialmente y también lo han hecho los servicios. Servicios con salarios bajos que cotizan poco (si cotizan). La bolsa de pensiones se vacía porque los ingresos son inferiores a los gastos.

Con este modelo (el de reparto) no se pueden pagar las pensiones. Se pagan porque el Estado (o sea los contribuyentes) transfiere dinero a la cuenta de la Seguridad Social. Se estima que en el 2025 la transferencia fue de 50.000 millones de euros. Pero como el Estado no dispone de una máquina para producir dinero, tiene que acudir al mercado de capitales y emitir papeles de deuda bien remunerados. Esto hace que la Deuda Pública (lo que los ciudadanos debemos a los acreedores) vaya aumentando. Ahora asciende a 1,74 billones de euros. Cada ciudadano tiene una deuda pendiente de 35.000 €. Esta deuda supone pagar cada año intereses por un importe de 42.000 millones. Para poder dimensionar la cifra, comparémosla con el presupuesto de la Generalitat de Catalunya por todos conceptos (sanidad, educación, etc.), que suma 49.000 millones. Si seguimos la trayectoria y teniendo en cuenta la proyección de la tasa de interés, el coste anual del “servicio de la Deuda” estará cerca de los 60.000 millones en 2030.

“Es la aritmética, estúpido”, decíamos al principio. Está demostrado empíricamente que dadas las condiciones objetivas el sistema actual de pensiones no sirve. Si fuera una empresa, con pérdidas sucesivas año tras año, habría quebrado. El Estado ha tomado una vía alternativa (que también puede tomar una empresa) y es endeudarse para mantener el barco a flote. En el sector privado los acreedores pedirían garantías y fijarían un límite. En el público, el supervisor del sistema monetario (el Banco Central Europeo) también puede poner coto a esa vía alternativa. Se está manteniendo artificialmente un modelo quebrado.

Vayamos un poco más a fondo para comprender el fenómeno. En el Reino Unido existe una agencia pública (The Migration Observator) que estudia la denominada “curva de rendimientos fiscales”, es decir, la contribución de cada ciudadano a la “bolsa de las pensiones”. Durante una larga primera parte de nuestra vida (desde que nacemos hasta los 25-30 años en la actualidad) nuestra contribución a esa bolsa es negativa. Subvencionan nuestra alimentación, nuestra sanidad, nuestra educación. Cuando a los 30 (de promedio) empezamos a trabajar, también empezamos a cotizar para la bolsa. Pero los de Migration Observator nos dicen (con datos registrados), que hasta los 40 no quedamos a la paz con las subvenciones recibidas. De los 40 a los 70-75 (siempre que trabajemos) somos contribuyentes netos. Luego, como clase pasiva, volvemos a ser subvencionados.

Los investigadores británicos presentan dos ejemplos de personal migrado para comprender mejor la “curva de rendimientos fiscales”. En el primer caso, un médico sirio se incorpora a los 35 años a un hospital de la ciudad de Coventry. Es un profesional cualificado, con un salario medio-alto, que trabaja y cotiza (pensiones). En el segundo caso es un hombre de la misma edad sin ninguna cualificación específica, que es contratado por el servicio de limpieza del ayuntamiento de la misma ciudad con un salario mínimo. Trabaja y cotiza (muy poco) y su contribución es negativa, porque las prestaciones sociales que recibe en términos monetarios cuantificados (él y quizás su familia, si la tiene) son muy superiores a su aportación. Y lo que es más grave socialmente – nos dicen los investigadores – es que esa curva negativa se mantiene hasta la edad de jubilación.

Aquí dejamos la aritmética y nos pasamos a la economía. Recuperamos el viejo mensaje de James Carville, el jefe de la campaña de Bill Clinton para las presidenciales de 1992 (“Es la economía, estúpido”). El problema son los bajos salarios de gran parte de la población trabajadora, sobre todo cuando esta población corresponde al sector terciario.

Fijémonos en España y particularmente en Catalunya. Los políticos están muy contentos porque crecemos y hemos crecido en los últimos años, en términos de PIB total, por encima de la mayoría de los países europeos. Lo que no nos dicen es que el crecimiento es hipertrófico y que el PIB por habitante está estancado e incluso disminuye en términos reales. Catalunya, por ejemplo, ha crecido en población de los 6 millones de 1987 a los 8,2 actuales. Y este crecimiento (en cuanto a fuerza laboral) se ha orientado mayoritariamente hacia los servicios turísticos para un turismo de masas, servicios mal pagados de un sector que enriquece a unos pocos y crea disfunciones en todos los ámbitos.

España y Catalunya han optado por un turismo de “alpargata” cuya cuenta de resultados está sesgada. Se debería hacer una reconversión, reduciendo y encareciendo la oferta. Un turismo selectivo que esté en condiciones de pagar por unos buenos servicios. Esto nos llevaría a la macroeconomía. Lo dejaremos para otra ocasión y regresaremos a la aritmética del pago de pensiones.

¿No hay otro sistema para pagar las pensiones? Los hay. Los países han avanzado en un proceso de prueba y error y algunos han resuelto la ecuación, aceptando que en un entorno cambiante las soluciones se han de ajustar constantemente.

El grupo de servicios de alta consultoría Mercer (hoy Marsh) y a través del CFA Institute (institución sin ánimo de lucro) hace años estudia los planes de pensiones de cada país a través de una metodología que incluye la contrastación de 50 variables. Esto le lleva a una clasificación de los más exitosos, que anualmente son revisados. En la actualidad los países que destacan son: Países Bajos, Islandia, Dinamarca, Noruega, Singapur y Suiza (con una calificación superior a los 80 puntos). España está en 63,8 y Estados Unidos en 61,1.

¿Qué tienen en común esos países?

 

¿Qué es un sistema de pensiones mixto? El que combina fórmulas fijas y variables. Está construido sobre tres bases:

 

Una conclusión muy simple y esclarecedora: los países pequeños poblacionalmente son más capaces de resolver este problema. Una segunda: en todos estos países los salarios medios son superiores a los de su entorno. La tercera: controlan la inmigración. Una cuarta: una vez incorporado, el inmigrante ha de demostrar en el tiempo que se ha integrado y conoce la lengua y la cultura del país receptor. Para comprobarlo pasará unas pruebas específicas. Los países exitosos quieren reforzar la cultura de su país. No alientan la multiculturalidad.

Todo esto contrasta con lo que ocurre en nuestro entorno. Hay una cadena endiablada en términos económicos. Como tenemos las puertas abiertas, entra quien quiere. Entra, porque además sabe que encontrará trabajo, aunque mal remunerado. También sabe que si no lo encuentra siempre podrá contar con la ayuda del Estado a través de diversas prestaciones sociales. Nadie le exigirá que se integre culturalmente, lo que le llevará a “clusters” multiculturales que crean tensiones en la sociedad receptora.

El muy documentado “informe Fénix” identificó como causa principal del problema los bajos salarios de los colectivos señalados, con el añadido de los empleados de mataderos. Tienen razón, aunque yo veo muy difícil que esa amplia gama de servicios turísticos (trabajadores de pequeños y medianos hoteles, restaurantes, bares, cafeterías, etc.) sobrevivan si los costes de la mano de obra se encarecen. De hecho, si cambiara el modelo turístico, muchos de esos pequeños “tinglados” desaparecerían. Habría un exceso de mano de obra desocupada (que quizás jamás tendría que haber entrado), pero una Administración Pública capaz (la nuestra no lo es) debería tomar las medidas necesarias para resolver los problemas subyacentes. Les pagamos para que hagan su trabajo y lo hagan bien.

Resumiendo, los jubilados, las viudas y otros colectivos menores seguirán cobrando las pensiones, pero yo no visualizo un futuro favorable a medio plazo sino hay un golpe de timón. No es un tema de derechas ni de izquierdas (etiquetas inservibles en el mundo actual). Es un tema de aritmética simple y un poco de geometría (la curva de rendimientos fiscales). Poca cosa más.

Pero hay que tener el coraje para acometer este contencioso. A mi juicio no lo tienen. Irán tapando agujeros.  Como dicen los catalanes “dia que passa, any empeny”.

Es la aritmética, estúpido.

 

 

 

Alf Duran Corner

 

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