FLASHES
Focus: Política
Fecha: 10/08/2025
Tenía la intención de tomarme un respiro, pero algunos de mis amigos vinculados desde el origen a la web (año 2000), me piden una opinión sobre la coyuntura actual. Es cierto que el mundo no se toma vacaciones y los acontecimientos de singular importancia se amontonan unos sobre otros. Asumo esta vez lo de la opinión, aunque yo prefiero profundizar y no caer en la superficialidad de los “opinadores” profesionales habituales de las tertulias de radio y televisión, que opinan de todo sin saber de nada.
Vamos a destacar algunas cosas para hacer boca.
- Parece probable que Vladimir Putin y Donald Trump se encuentren de inmediato en algún lugar de Alaska, un territorio americano que fue ruso hasta que el zar Alejandro II la vendió a Estados Unidos por la ridícula cifra de 7,2 millones de dólares (1867). Aunque lo pueda parecer, el tema central de la conversación no será la guerra de Ucrania sino la relación actual y futura de las dos grandes potencias nucleares. Yo creo que el presidente Trump, mal que le pese, está empezando a aceptar que el mundo es multipolar y que su papel de gendarme se ha acabado. On verra.
- Hay que cerrar el capítulo de la guerra de Ucrania, guerra que no empezó con la invasión del ejército ruso (2022) sino mucho antes (1991), cuando el Deep State norteamericano quiso imponer su modelo en todo el mundo, tras el suicidio asistido de la Unión Soviética. Ese modelo incluía como primer paso la fragmentación del territorio de la antigua Unión Soviética, por los medios que fueran necesarios. Aquí intervino la CIA, promoviendo y financiando golpes de Estado a gogó y colocando bases militares cargadas con plataformas de misiles en las fronteras de la Federación Rusa, en contra de los acuerdos establecidos que ahora han quedado en evidencia después de desclasificar una parte de los archivos del Estado norteamericano por prescripción legal.
- El gobierno ruso respondió a tanta provocación con la recuperación de Crimea (territorio ruso desde 1783) y más tarde (2022) haciendo lo propio con los territorios ucranianos de cultura rusa, territorios que habían sido asediados por el ejército ucraniano, después de haber ninguneado todas las piezas del acervo cultural ruso, acervo que constituía una de las bases del país y de su historia. El gobierno ucraniano, con el soporte de la OTAN y de sus principales miembros, hizo lo mismo que el régimen de Franco hizo con Catalunya y sus ciudadanos. Trató de aniquilarlos hasta la raíz, incluida su lengua, sus tradiciones, su marco legal, etc. El problema de Catalunya fue que no contó con un aliado que la salvara de la quiebra y su rebelión ha quedado en agua de borrajas. Si tengo que criticar algo personalmente al gobierno que preside Vladimir Putin es que tardó demasiado en intervenir. Ante hechos de esta naturaleza, hay que disparar primero y preguntar después.
- La “pandilla de la guerra” (Starmer, Macron, Mertz), los capos de la Comisión Europea (que no ha elegido nadie) y los “chihuahuas bálticos” hacen mucho ruido pero no pintan nada. Pretenden representar a los europeos o a parte de ellos, lo cual está por ver cuando haya elecciones en sus respectivos países. “Molt soroll de boixets i poques puntes”, que decía mi abuela. No hace falta mencionar al señor Vladimir Zelensky, un personaje siniestro que no tuvo el coraje de cerrar un acuerdo a los tres meses de la invasión (como propuso el gobierno ruso) y se sometió a los dictámenes de las “cabezas pensantes” de Estados Unidos y el Reino Unido (señores Biden y Johnson), que le exigieron continuar una guerra que ha destruido su nación. Recordemos, por si alguien todavía no se ha enterado, que la propuesta del gobierno ruso era descentralizar el poder en Ucrania, transformándolo en un Estado federal. Nada más. La “guerra de Ucrania” es una guerra proxy (les obligas a hacer la guerra a otros), con propósitos no declarados. Ucrania era un pretexto para hundir a la Federación Rusa. Les ha salido rana.
- Mientras tanto en el Medio Oriente el ejército de Israel sigue practicando el “tiro al blanco”. No se atreven con Irán, que es su principal adversario, y liquidan palestinos como si se tratara de un “market test”. Hay algunas quejas, pero sin exagerar. Mucho peor fue la matanza de Irak, de la que parece que nadie se acuerda. Por si alguien quiere saber qué pasó, recomiendo un extraordinario ensayo que Harper-Collins acaba de publicar bajo el título “Night of Power”. Recoge una selección de artículos del gran periodista Robert Fisk, fallecido en el 2020, que describe el origen y desarrollo de aquel infierno, cuyos principales responsables fueron los gobiernos norteamericano y británico, secundados por los sirvientes habituales del arco occidental. Una banda de criminales que nunca serán juzgados por los tribunales penales internacionales. Y es que “la justicia es un cachondeo”, como dijo socarronamente el político andalucista Pedro Pacheco en los albores de la falsa democracia. Yo iría más allá. Para mí el Sistema Judicial está al servicio del poder corporativo. Los ciudadanos de a pie no nos podemos fiar.
- Si bajamos un poco el listón, debemos hacer una mención al lupanar en que se ha convertido el Estado español y en particular el tejido social del poder en la capital del Reino. No importa quién gobierna o desgobierna, tanto dan los unos como los otros. Desde muy arriba hasta las más alejadas bases, todos resultan tóxicos. Al margen de sus débiles y cambiantes valores morales, son unos inútiles. Hace siglos que pusieron su bota sobre los catalanes y no la quieren mover. Frente a esto siempre aparece la doble vía: reforma o revolución. Lo primero se ha intentado muchas veces y el resultado siempre ha sido negativo. La cuestión es: ¿Cómo llevar adelante una revolución en las circunstancias actuales? Tema para estudio, para después de vacaciones.
- En cuanto a la regionalización de la Comunitat catalana, no da el pañuelo para tanta lágrima. Los socialistas en el gobierno del triste señor Illa han hecho lo que se esperaba de ellos. Asumen su papel como empleados de una gestoría administrativa. A veces lo hacen bien y el cliente los premia. A veces los riñe para que sepan quién manda. Pero son buenos chicos y no se salen de la raya. Españolizan todo lo que pueden y cuidan con esmero los detalles: las banderas, los símbolos, los discursos. Son aburridos hasta matar. Como controlan la mayor parte de las instituciones públicas del territorio, no tienen suficiente gente para cubrirlas. Entonces acuden a sus aliados naturales, ese “melting pot” de Comuns-Podem y la madre Celestina, que se apresta a ayudarlos. El modelo Barcelona, que los “Comuns” han transformado en un parque temático, lo extienden urbi et orbe. Se consideran modernos y progres, y con esto se acuestan cada día muy felices de haberse conocido.
- Y si nos referimos a la oposición (los teóricos partidos independentistas catalanes), tampoco el pañuelo da para sí. Esquerra Republicana (lo de catalana fue abandonado hace mucho tiempo) sigue haciendo el ridículo más espantoso. Se ve que no conocen las reglas más elementales de la aritmética (sumar, restar, etc.). No hay otro modelo económico que el de la caja: ingresos menos gastos. Lo demás es cháchara. He dicho muchas veces que el problema de la mayoría de los políticos es que nunca se han jugado sus propios cuartos. Mueven dinero ajeno y no se sienten responsables. En el caso que nos ocupa la cosa es muy sencilla: los ciudadanos catalanes y los españoles que viven en Catalunya pagan sus impuestos (como personas físicas y jurídicas) y con esos impuestos la Administración Pública (la Generalitat de Catalunya) proporciona unos servicios (sanidad, educación, etc.) y desarrolla unos proyectos de inversión (infraestructuras, etc.). Si tiene superávit lo guarda o lo invierte. Si tiene déficit lo cubre (si puede) o se endeuda. La parte operativa (quien hace de recaudador) es irrelevante. Todo muy sencillo. Ya sabemos de qué padecemos y lo vamos a repetir una vez más: un ente ajeno (el Estado español) se queda los tributos y luego nos cede una parte (hace diez años esta jugada significaba que de cada euro que se recaudaba en Catalunya, nos devolvían solo 55 céntimos). El que no entienda esto es que es idiota o, peor aún, un perfecto estúpido, en la definición del maestro Erasmo.
- Junts sigue en standby. Todavía no es a mi juicio un partido político sino una corriente en la que confluyen distintas tendencias. Tienen que ponerse de acuerdo y compartir una línea común. También tienen que jubilar a algunas vacas sagradas. Han cumplido su misión (no todos) y deben dejar que surjan nuevos líderes sin pasivos ocultos. Sobre la CUP prefiero no opinar. En las antiguas cortes los monarcas siempre tenían algún bufón a quien en ocasiones se le permitía hacer de “enfant terrible”. En ocasiones. Cuando este papel se institucionaliza, el desastre es total. Y así estamos. Nos queda Aliança Catalana, que hasta ahora vive del sello de su líder Silvia Orriols, una de las pocas cabezas lúcidas del parlamentarismo catalán. Tiene que dar un paso adelante y conformar una organización que tenga la masa crítica para acceder al poder con una cuota más representativa. La diferencia fundamental entre Aliança Catalana y el resto de los partidos citados es que ellos no quieren ir a Madrid a hacer de comparsas en las Cortes españolas y que si crecen en el Parlament de Catalunya (un Parlament autonómico por el momento) mantendrán el propósito único de trabajar para alcanzar la independencia, sin ningún otro aderezo que añadir. Muchos independentistas dormidos están alerta y esperanzados. Les importan muy poco las etiquetas que les pongan. De nuevo “Wait & See”.
- No quiero dejar la economía, aunque la trate de forma lateral. Globalmente el mundo se ha volcado hacia un keynesianismo militar “por si alguien nos invade”. De nuevo la aritmética. Si quieres invertir en armamento (esa cosa que denominan eufemísticamente “defensa”), tienes que recortar otras partidas o endeudarte todavía más. Y lo están haciendo. Fue penoso escuchar las declaraciones públicas del primer ministro francés (François Bayrou) en el que animaba a trabajar más, ajustarse el cinturón e incrementar notablemente la partida militar. En el Reino Unido el impresentable señor Starmer tuvo que retroceder en su presentación del presupuesto en los Comunes (calcado del resto de las “potencias” europeas) porque un centenar largo de los miembros de su propio partido le dieron la espalda. Lo de Alemania todavía es peor, en una economía en caída libre. Si queréis tener una visión muy realista y documentada de la situación, os aconsejo el libro de Wolfgang Münchau “Kaput. El fin del milagro alemán”. A los países occidentales les cuesta reconocer que se ha acabado la fiesta. Y si acercamos la lupa a nuestro ámbito más próximo (“Catalunya rica i plena”) vemos que la mayoría de comentaristas están muy contentos. Y esto es debido en que han apostado por la macroeconomía (los grandes números) y con eso se salvan. Hemos crecido más que los otros (la sodomía del PIB, le llamo yo a esto), tenemos un desempleo controlado (alrededor del 8%) y la inflación es del 2%. Buena parte de estos indicadores vienen determinados por variables exógenas y éstas pueden tomar otros rumbos. Si nos fijamos, por ejemplo, en el peso del factor turismo (un turismo de masas) y en el efecto multiplicador en el empleo que ese turismo produce (limpiadoras, camareros, etc.) nos daremos cuenta de la volatilidad de todo ello. Y es que el marco de referencia que nos integra a todos es un capitalismo de cambio de cromos, la última maniobra del modelo liberal para subsistir en un mundo imprevisible en que nada es ya lo que parece.
Han sido cuatro notas escritas a vuela pluma, después de ver despuntar el día en la Punta del Fangar, desde mi refugio en el Delta del Ebre. El silencio me acompaña, mientras imagino como las tortugas marinas han vuelto a su espacio natural en la playa del Trabucador, gracias al trabajo cuidadoso de los empleados de la Fundació Cram.
Ya he cumplido. No creo haber sorprendido a nadie. Soy por naturaleza políticamente incorrecto. Adéu. Hasta septiembre.
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