Focus: Sociedad
Fecha: 01/09/2026
Hace diez años utilicé este título para describir lo que me parecía un error fundamental de los supuestos líderes independentistas catalanes: que ponían sus intereses personales por delante de la voluntad de la nación. El error, desgraciadamente, se confirmó. Fueron unos necios.
El titular lo había tomado de una novela americana de 1980 (“A Confederacy of Dunces”) de un desconocido autor (John Kennedy Toole). Publicada tras su suicidio, el libro alcanzó gran éxito de ventas. El héroe de la novela pretendía defender su honesta moral frente a una sociedad de corruptos. Jonathan Swift – el gran satírico irlandés del siglo XVIII - ya había avisado: “Cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconoceréis por este signo: todos los necios conjuran contra él”.
Claro que de necios hay a montones y los tenemos que soportar a diario, ya que tienen secuestrados a los medios convencionales y tratan de apoderarse de las redes sociales.
Pero si vamos hacia arriba en la escala del poder, encontraremos a los que mandan, a los que utilizan nuestros impuestos para comprar armas, organizar supuestas ONG que venden bajo mano su catecismo y alimentar una guerra en Ucrania (que ellos promovieron) con el propósito de mantener en el poder a una banda de mafiosos.
Y ahora, una vez más, los necios se han conjurado y se van a reunir en Dublin para impulsar el robo a mano armada de los fondos monetarios (dólares y oro) que el Banco Central ruso tiene depositados en varios bancos occidentales y en particular en Euroclear, un banco privado belga especializado en la gestión de este tipo de fondos públicos. Estamos hablando de 300.000 millones de dólares (258.000 millones de euros), un 86% del PIB de Catalunya.
La Unión Europea y sus secuaces congelaron esos fondos sin ningún soporte legal en 2022, alegando que era la contrapartida a lo que ellos consideraban “la invasión rusa de Ucrania”.
Nunca han prestado atención al concepto de “legítima defensa”, que fue el que determinó esa ocupación. Siempre he pensado que el gobierno ruso tardó demasiado tiempo (casi ocho años) en responder a tanto asedio y provocación practicados por el ejército ucraniano contra la población de lengua y cultura rusas de su propio país. Estos hechos dramáticos se desarrollaron tras el golpe de Estado del 2014, golpe alimentado por la CIA y el departamento de Estado norteamericano, para acabar colocando gobiernos títeres en Kiev, gobiernos que se han ido degradando hasta alcanzar el paroxismo con el actor cómico señor Zelensky.
Y ahora los gobiernos de la coalición antirrusa (“la conjura de los necios”) pretenden ir mordiendo esos fondos congelados y destinarlos al régimen fascista ucraniano. Ya se han ido quedando los saneados intereses que esos fondos han producido y ahora quieren actuar sobre el principal. ¿Y por qué lo hacen? Porque ya han vaciado sus propias carteras (tomando dinero de sus presupuestos públicos para volcarlos en el agujero negro del Este). Necesitan atracar a alguien. Han atracado a sus contribuyentes y ahora quieren ampliar la zona de control (como hacían las mafias de Chicago en los años treinta).
Esta maniobra la han intentado varias veces. Los chihuahuas del Báltico (con la señora Kallas a la cabeza) no han parado de chillar. En esta ocasión el testigo lo ha tomado Polonia, con un jefe de gobierno (Donald Tusk) de pasado más que borroso.
Como la mayor parte de esos fondos están en un banco belga, el gobierno belga no quiere pronunciarse por el riesgo que esta decisión entrañaría para su país. ¿Quién va a confiar en depositar fondos de sus bancos centrales en una entidad que no cumple sus obligaciones legales? ¿Qué pensarán los gobernantes de Arabia Saudita, de los países del Golfo, de China, de India, etc.? ¿Qué pensarán sobre la credibilidad del euro dentro del sistema monetario? Parece que ya lo han pensado, porque en los últimos tiempos han ido retirando fondos y llevándoselos a instituciones de similar índole de Singapur.
La auto ceguera impuesta en las élites del poder occidentales no les ha permitido ver qué ha estado ocurriendo con el dinero enviado a sus amigos del Régimen. Su propia oficina anticorrupción ha denunciado un sistemático proceso de lavado de dinero, venta de armas a terceros, gastos improcedentes, contratos públicos opacos, etc. En noviembre del pasado año esa misma oficina declaró que solo en el sector de la energía los costes de los sobornos totalizaban 100 millones de dólares. Y esta cifra es solo una pequeña muestra de la gran estafa. Recordemos que a finales del 2025 se estimaba que el Régimen había recibido hasta entonces 11.000 millones de dólares. Y ese dinero sale de los bolsillos de los ciudadanos británicos, franceses y españoles, entre otros.
Veremos como acaba esta novela por entregas. Hasta ahora los necios han sido capaces de mantener la leyenda de que están defendiendo la democracia, y la mayoría de los ciudadanos europeos se han creído este cuento. En buena medida porque están desinformados y porque carecen del mínimo pensamiento crítico.
Pero todo lo que empieza termina y las fuerzas alternativas (como la AfD alemana y la Ressemblement National francesa) van consiguiendo el soporte de su población. Las etiquetas de extrema derecha que les colocan sin el menor rubor no son suficientes. Van cayendo los muñecos.
No sabemos cómo acabará el sainete de Dublín. Da la sensación de que el muñeco Zelensky ha despertado los intereses teatrales ocultos de esta pandilla. Conjurarse era más propio del Imperio Romano. No sé si son conscientes, pero estamos en el siglo XXI.
