Focus: Política
Fecha: 27/08/2025
Eran siete los del cuento pero en esta ocasión fueron ocho. No es que el presidente Trump tenga precisamente el look de Blancanieves (se parecería mejor a la “reina malvada”, recuperada por los hermanos Grimm de la mitología griega), pero nos sirve como metáfora.
Con esta historia de humillación y vasallaje que hemos contemplado en los medios de comunicación en este tórrido verano, se culmina (por el momento) un proceso de sadomasoquismo que hubiera deleitado al marqués de Sade.
Los ocho enanos tienen nombres y apellidos. Si los agrupamos por géneros, la rama femenina está formada por la señora Von der Leyen (presidenta de la Comisión Europea) y la señora Meloni (primera ministra de Italia). En el bloque masculino tenemos al señor Starmer (primer ministro del Reino Unido), al señor Merz (canciller de Alemania), al señor Macron (presidente de Francia), al señor Stubb (presidente de Finlandia), al señor Rutte (secretario general de la OTAN) y al señor Zelensky (presidente de Ucrania). Tomen nota por favor y así se lo podrán contar a sus nietos.
El señor Trump los ha recibido como lo hace el boss de una gran multinacional que reúne a sus principales directivos. Está acostumbrado a este tipo de reuniones en su imperio empresarial, aunque en esta ocasión no los ha convocado él, lo que le ha resultado un incordio. Será por eso que los ha sermoneado, les ha dado instrucciones, los ha mortificado un poco y en su conjunto los ha menospreciado. Al final, los ha despedido sin contemplaciones. Ya sabe lo que quieren. Sus peticiones no son nuevas. Que las atienda o no está en función de sus intereses personales. Sobre su equilibrio mental ya hemos hablado suficiente. Cuentan los de “The Hill” (la mejor antena de Washington) que incluso ha hecho un aparte con el señor Rutte (el más “pelota” de todos) y lo ha felicitado. Ese personaje hace apenas unas semanas llamó “papi” al presidente Trump.
Los “ocho enanitos” (los siete ejecutivos europeos y el “monaguillo” ucraniano en traje de campaña) han regresado a sus bases sin obtener nada concreto que resuelva sus inquietudes.
Algunos fueron elegidos en estas seudo democracias que padecemos y otros fueron nombrados a dedo. Son unos pobres diablos (con graves problemas domésticos que los acosan), que solo se representan a sí mismos. Luchan por mantener su puesto de trabajo a cualquier precio y por eso quieren que la guerra de Ucrania continúe y así puedan esconder los problemas de fondo de sus países u organizaciones. Si se llega a un acuerdo de paz entre los presidentes Trump y Putin (la guerra de Ucrania ha sido un “mercado de prueba” para contrastar la capacidad militar de Estados Unidos y la Federación Rusa), su tinglado se viene abajo.
Es un retorno a la Edad Media, con un monarca que sabe que en su zona de influencia (Occidente) solo manda él. También parece que empieza a comprender que tendrá que repartirse el pastel con otros dos actores (la República Popular China y la Federación Rusa), que cuentan con sus propias zonas de influencia. Es un acuerdo tácito a tres bandas en el que no se invita a nadie más.
Esto es lo que les ha recordado a los ocho enanitos, que incluso han perdido su vieja condición de vasallos y ahora son solo siervos de su majestad imperial.
