Focus: Política
Fecha: 16/11/2025
El gobierno norteamericano salió mal parado de una guerra lejana en la que nunca debería haber intervenido. Su ejército hizo una matanza, destruyó un ecosistema, sacrificó a muchos jóvenes de su propio país y al final se escapó por piernas. El mundo tiene todavía muy grabada la imagen de los helicópteros despegando de la embajada norteamericana en Saigón con los restos del naufragio. Ese día se puso de manifiesto que nadie era invencible.
Buscando un paralelo con aquellos hechos ya muy lejanos (1975), el gobierno norteamericano que preside Donald Trump sigue la política de amenazar a otro gobierno soberano (en este caso el de Venezuela) con el propósito de acabar con su régimen político y colocar uno afín a sus intereses. Candidatos alternativos los tiene, entre los que destaca la conocida golpista señora María Corina Machado, representante de una de las familias más ricas del país, esa señora que quiere privatizarlo todo y lo declara públicamente.
Podemos preguntarnos porqué el presidente Trump pone ahora tanto énfasis en esta aventura bélica, cuando el Estado norteamericano (demócratas y republicanos) lleva ya muchos años instigando al gobierno venezolano para que se someta a sus dictados. Lo ha hecho de muchas maneras, sobre todo con mecanismos de extorsión económico-financiera. Algunos analistas relacionan este nuevo movimiento con el deseo de encubrir los supuestos vínculos de Trump con las redes de explotación sexual del difunto señor Epstein.
En una sociedad en la que una noticia se sobrepone a otra para pasar al olvido con rapidez, se podría aceptar esta hipótesis, aunque los recursos movidos en términos económicos son exagerados y muy difíciles de justificar ante la opinión pública. ¿Cómo se te ocurre desplazar a uno de los mayores portaviones de la flota desde el mar de Arabia al Caribe, como si estuvieras a punto de declarar la III Guerra Mundial?
¿O es que lo que pretendes es apoderarte del sector petrolífero venezolano, tanto del productivo como de sus reservas? Es cierto que ese país se sitúa en primer lugar en términos de reservas de crudo, aunque ese crudo está calificado mayoritariamente como pesado y ácido, lo que supone un mayor costo de refinamiento.
Si esta segunda opción fuera la relevante, el Estado norteamericano volvería a recuperar el liderazgo frente a la combinación actual de la OPEC, la Federación Rusa y Arabia Saudita, combinación que por el momento fija los precios y los volúmenes de producción.
Claro que una cosa es amenazar y otra pasar a la acción. Como el presidente Trump no puede contener sus esfínteres ya ha declarado a los medios que ha autorizado a la CIA para que cause disturbios en Venezuela y trate de liquidar como sea a su gobierno. Es cierto que la CIA este tipo de acciones encubiertas las domina, como se hizo manifiesto en Ucrania, Chile, Georgia, Libia y muchos otros países. Pero probablemente no sería suficiente. También puede subcontratar a algunas empresas de mercenarios y/o castigar con misiles lo centros militares y las infraestructuras venezolanas.
Lo que no sabemos es que podría ocurrir. Venezuela no es un pequeño país. Tiene 900.000 kilómetros cuadrados, con montañas pertenecientes a la cordillera de los Andes septentrionales, altiplanos, cuencas como la del Orinoco, zonas boscosas, selváticas, con climas tropicales y húmedos Y unos treinta y dos millones de habitantes. En términos comparativos el Vietnam unificado tiene unos 330.000 kilómetros cuadrados y la guerra afectó fundamentalmente a una parte (Vietnam del Sur).
Como efectos colaterales se nos ocurre pensar sobre que opinarán los partidarios del MAGA (Make America Great Again) cuando vean que su “ángel pacificador” se dedica a fomentar una guerra exterior (dinero del contribuyente) en lugar de asignar recursos a sus empobrecidos seguidores.
Por último no podemos olvidar la mirada, lejana pero intensa, del gobierno de la República Popular China, que en los últimos años ha invertido directa o indirectamente (vía iniciativa privada) miles de millones de dólares en infraestructuras en América Latina. Sólo en el sector del petróleo la empresa privada china CCRC (China Concord Resources Corp) ha invertido mil millones de dólares en el sector petrolífero venezolano. Y no quiero hacer referencia específica al gobierno de la Federación Rusa que puede ser que en este contencioso se limite a hacer el papel de “convidado de piedra”. O quizás no.
Claro que el presidente Trump ya nos tiene acostumbrados a giros inesperados y puede ordenar un cambio súbito y “todos a casa”. Y las ovejas volverán a su corral.
Hace apenas treinta años que el mundo era mucho más tranquilo. La “bomba” era cosa de dos. Incluso la retórica de las partes se podía procesar con facilidad. No se habían inventado los drones y la “Inteligencia Artificial” se reducía al ámbito académico de los investigadores. Nos gustaban las películas de espías, aunque algunos (muy pocos, siempre muy pocos) cuestionáramos que “el malo” fuera siempre el soviético.
Estoy empezando a tener nostalgia de “la guerra fría”.
