RUSOFOBIA
Focus: Política
Fecha: 17/05/2025
He aprovechado unos días de retiro en mi refugio del Delta (in the middle of nowhere) para decodificar el flujo de noticias que los medios de comunicación occidentales (todos ellos directa o indirectamente subvencionados por los poderes corporativos) vomitan a diario sobre la multitud acrítica de ciudadanos europeos. Por suerte las nuevas tecnologías han abierto los canales independientes de Youtube, donde analistas de probada capacidad (como Adrián Zelaia, Pascal Lottaz, Glen Diesen, Jeffrey Sachs, Andrew Napolitano, Caroline Galactéros y unos pocos más), ofrecen informes muy bien documentados sobre lo que de verdad está ocurriendo en el mundo.
El contraste es tan llamativo que parece que se están refiriendo a dos mundos distintos. En el relato dominante (el oficial) –que se considera el auténtico- se practica el monocultivo y el catecismo es común. El “mantra” compartido incluye falsedades, medias verdades, alucinaciones, deseos no satisfechos, estereotipos anclados, y seudo obviedades. Es como si estuviéramos en el diván del psicoanalista o en el patio de la guardería. Repiten los slogans con monótona cadencia: “el malvado Putin”, “la invasión rusa de Ucrania”, “las atrocidades del ejército ruso”, “los bombardeos a la población civil” y lo que usted, en la peor de sus pesadillas, pueda imaginar. En el otro hay contraste de opiniones, pero como no se quedan en la superficie de las cosas y su lectura ahonda en las raíces del conflicto, hay notables coincidencias para acertar en un diagnóstico común.
Con todo ello intentaré desbrozar el camino. Quizás te sorprenda. Ahí va: lo describo como “cosas que nunca te dije”.
- Todo viene de muy lejos. De oscuros resentimientos anti-rusos.
- Desde mediados del siglo XVI hasta mediados del XVIII los imperios ruso y otomano libraron muchas batallas con propósitos de expansión territorial. Hacia el final el imperio otomano estaba en decadencia, en tanto que el ruso seguía ampliando su dominio.
- A mediados del siglo XIX Rusia ocupaba la franja septentrional del Mar Negro, desde el delta del Danubio hasta Georgia. Las potencias europeas (sobre todo Gran Bretaña y Francia) recelaban de los avances del imperio ruso, que además había fundado dos grandes ciudades en ese mar (Odesa y Sebastopol). La “rusofobia” fue en aumento. El francés Jules Michelet escribía: “…Rusia es un gigante frío y famélico cuya boca se abre hacia el rico Occidente”. Para solucionar el tema se inventaron una guerra (una más), en la que una extraña coalición de otomanos, británicos y franceses vencieron al ejército ruso (guerra de Crimea 1853-1856). Con ello se consiguió prohibir a Rusia el estacionamiento de buques de guerra en el Mar Negro, pero no se resolvió el conflicto de fondo. La paz fue en parte alcanzada gracias a la presión de la población civil de los aliados, ya que consideraban que la guerra estaba muy alejada de sus intereses.
- Los ingleses, como es habitual, aprovecharon la contienda para que su incipiente industria cultural vendiera un relato de buenos y malos, concretado en la “batalla de Balaclava”, con el famoso ataque de la “carga de la Brigada Ligera”, historia que ha llegado hasta nuestros días, ya en pantalla panorámica.
- La guerra del 14 (1914-1918) fue la eclosión de enfrentamientos históricos larvados que las potencias occidentales europeas mantenían tras el reparto de sus imperios coloniales. En ese reparto Alemania llegó tarde y se quedó con algunas minucias. Los militares prusianos no podían admitirlo y aprovecharon un hecho fortuito para abrir un doloroso conflicto que produjo millones de muertos, en una “guerra de trincheras”. Se vendió un “nacionalismo patriotero”, en el que los soldados se dirigían a una muerte segura entonando viejas canciones. En ese conflicto Rusia se alió con Francia e Inglaterra contra Alemania y su red de apoyo.
- Durante este período se produjo un cambio radical en el imperio Ruso con la revolución bolchevique (1917), que derribó la estructura de poder de los zares. El líder del cambio (Vladimir Lenin) estaba en contra de la guerra y esta posición lo afianzó en el poder. Pactó con los alemanes y se desvinculó del conflicto, aunque tuvo que cederles territorios. En el interior de su país fue ganando adeptos a su proyecto revolucionario, lo que le permitió derrotar a los contrarrevolucionarios del denominado “movimiento blanco”, formado principalmente por los antiguos componentes del poder zarista.
- Mientras la I Guerra Mundial mantenía activos a los aliados nadie se movió. Pero cuando el presidente norteamericano Wilson puso punto final al conflicto y el nefasto Tratado de Versalles -que Keynes criticó duramente– humilló a Alemania por escrito, los líderes occidentales volvieron a orientar su mirada hacia su eterno enemigo (Rusia). Primero ayudaron a los contrarrevolucionarios de la “Rusia blanca” con armas y dinero (como hacen ahora en Ucrania) y luego aplicaron un “cordón sanitario” para que la ideología comunista no se extendiera por Europa. Fracasaron, como ahora fracasan las casi 30.000 sanciones que los gobiernos occidentales aplican a los intereses rusos en todos los ámbitos.
- Tras el rearme alemán y aprovechando el resentimiento popular de la población alemana contra los aliados, Hitler invadió primero los países limítrofes y luego los occidentales, plantándose en París en pocos días. Había conquistado Europa y solo tenía dos enemigos: Gran Bretaña y Rusia. Gran Bretaña contaba con la barrera protectora del océano, por lo que Alemania tuvo que valerse de su poderosa fuerza aérea para bombardearla. Aplicó recursos a este menester, aunque donde de verdad creía que estaba el objetivo clave era en la Unión Soviética (un conglomerado de naciones con liderazgo ruso), un Estado euroasiático que cubría un territorio de 22,5 millones de kilómetros cuadrados y llegaba hasta el Pacífico. Si lo vencía (pensaba Hitler), se adueñaría del mundo. El avance militar de la Wehrmacht se detuvo cerca de Moscú y de Stalingrado. Parecía que sus sueños se iban a cumplir, pero los soviéticos los atraparon en sucesivos movimientos estratégicos (a un coste humano increíble) y poco a poco su ejército fue recuperando su territorio hasta alcanzar Berlín en junio de 1945. Los alemanes se rindieron al ejército soviético. Y aquel día se acabó la II Guerra Mundial en Europa, que los aliados occidentales complementaron con la batalla de Normandía (operación Overlord), donde de nuevo los anglosajones (como hicieron en Crimea en el XIX) se apropiaron del relato y nos contaron, y siguen contándonos, sus innumerables batallas con la ayuda inestimable de los productores de Hollywood. Solo hace falta acudir a las cifras para refutar sus argumentos: En la URSS se produjeron 25 millones de muertos aproximadamente, en Alemania 8 (la mayoría en el frente oriental), en Polonia 5. En el Reino Unido y en Estados Unidos unos 400.000 por país (incluidos en el caso americano los de la guerra del Pacífico).
- Porque hubo dos guerras mundiales. La de Europa la ganó la Unión Soviética y la perdió Alemania; la del Pacífico la ganó Estado Unidos y la perdió Japón. Lo demás es cháchara. El general soviético Georgui Zhúkov, considerado por sus adversarios como uno de los más brillantes estrategas militares del siglo XX, nos dejó un mensaje premonitorio: “Hemos liberado a Europa de los nazis. Nunca nos lo perdonarán”.
- Al finalizar las dos guerras volvieron los demonios de siempre, en este caso con ropaje ideológico, ropaje que probablemente Franklin Delano Roosevelt no hubiera permitido. El 5 de marzo de 1946 (nueve meses después del final de la guerra en Europa) el ex-primer ministro británico Winston Churchill dio una conferencia en el Westminster College de Fulton, en Estados Unidos y declaró solemnemente: “Desde Stettin en el Báltico, hasta Trieste en el Adriático, un telón de acero ha caído en el continente”. Con ello daba crédito a la fantasía de la “guerra fría”, y animaba al gobierno americano, que presidía Truman, a forjar una alianza para “proteger” Occidente. Le hicieron caso y en abril de 1949 crearon la OTAN. Los rusos (y por extensión toda la Unión Soviética) continuaban siendo “los malos”.
- Durante esa “guerra fría” Gran Bretaña sufrió otra humillación, que nunca perdonó. Entre los círculos más próximos de la aristocracia de Cambridge se forjó una selecta red de espías a favor de la Unión Soviética, que llegaron a ocupar puestos de máxima responsabilidad en el servicio de espionaje británico. Los “cinco de Cambridge” (Philby, Maclean, Burgess, Blunt y Cairncross) empezaron a espiar por razones ideológicas, aunque acabaron con una mezcla de clasismo y esnobismo. La presión americana llegó a identificarlos, pero el gobierno británico se hizo el sordo y no impidió que la mayoría se fugara libremente. Los que se quedaron fueron apartados de sus puestos, pero mantuvieron su posición social gracias a su estrecho círculo de amistades. En el fondo se consideró que “no eran malos chicos y que los culpables de todo ello eran los rusos”.
- En 1989 caía simbólicamente el “muro de Berlín” y en 1991 desaparecía la Unión Soviética. Esto produjo una diáspora de países que obtuvieron su independencia, aunque el grueso se mantuvo vinculado al núcleo original bajo la forma de Federación Rusa, con un territorio euroasiático de catorce millones de kilómetros cuadrados.
- En 1991 la Federación Rusa iniciaba un cambio radical de su modelo económico, bajo la presidencia de Boris Yeltsin y el asesoramiento económico de un equipo de Harvard, entre el que destacaba el profesor Jeffrey Sachs. Fue una terapia de shock para pasar en poco tiempo de una economía planificada a una economía de libre mercado. Se hizo mal y fracasó. Se inició una época del denominado “capitalismo cowboy” que enriqueció a algunos destacados miembros de la antigua “nomenklatura” comunista y empobreció a la gran mayoría de la población. Se dispararon indicadores negativos como la tasa de suicidios y el alcoholismo. Se formó una red de grandes oligarcas que con la ayuda de la banca británica accedió al poder, manipulando a su antojo al gobierno de Yeltsin. Los líderes occidentales dieron su anuencia a este provocativo escenario.
- Cuando Yeltsin renunció (diciembre de 1999) Vladimir Putin tomó el poder interinamente, hasta que fue ratificado en el cargo de presidente en mayo del 2000. Empezó una larga etapa en la que dominó su perfil autocrático, con un capitalismo de Estado que reforzaba un modelo económico liberal tutelado por el gobierno. Putin ha puesto orden en su país, ha controlado el papel de los oligarcas (menos poderosos que los vinculados al mundo occidental), ha despertado el interés de la población por su pasado histórico y ha sabido reconducir en el plano económico el impacto de las sanciones exteriores. De hecho, aunque resulte paradójico, la Federación Rusa ofrece hoy un retrato económico-financiero muy superior al de la etapa anterior al bloqueo, hasta el extremo de que el FMI la considera la cuarta nación más poderosa del mundo por PIB (calculado en términos de Paridad del Poder Adquisitivo). Como señala acertadamente Michael Roberts, el agudo economista británico, el keynesianismo de guerra al que se ha visto obligado el país ha dado un gran impulso a las variables más significativas. Se ha producido un efecto boomerang y los grandes perdedores han sido los occidentales.
- En el frente político Putin ha heredado un gran contencioso con la OTAN, que lógicamente tendría que haber desaparecido en su formato original (la “defensa de Occidente”) porque no había de quien defenderse en 1991.
- Fue justamente un año antes cuando el antiguo presidente de la Unión Soviética (Gorbachov) negoció con el presidente Bush padre y su equipo el nuevo modelo de seguridad europeo. La nueva Federación Rusa retiraba sus 500.000 soldados de Alemania del Este, liquidaba los residuos del Pacto de Varsovia (una OTAN soviética) y permitía la reunificación de Alemania. Material desclasificado de los archivos oficiales ratifican que James Baker, en aquel momento Secretario de Estado de Estados Unidos, declaró en nombre de su país que la OTAN no se ampliaría hacia el Este. “Ni una pulgada hacia el Este”. Jack Matlock, el que fue embajador norteamericano en la URSS en aquellos años, dijo también que el compromiso a no expandirse era claro. Evidentemente no cumplieron su palabra. Nunca la cumplen.
- Ya en febrero de 1991 Polonia, Hungría y Checoeslovaquia se incorporaban a la OTAN. Luego poco a poco se fue ampliando la red, ante la mirada atónita del gobierno y de la población rusa. Porque entrar en la OTAN era aceptar tener bases militares y esas bases militares, en muchos casos, estaban situadas en la frontera de la Federación Rusa.
- ¿Se acuerdan de la crisis de los misiles en la Cuba de los sesenta (octubre 1962) del siglo pasado? ¿Se acuerdan o quizás han leído en los libros de historia reciente cual fue la reacción del presidente Kennedy? Y aquellos misiles eran pequeños artefactos de guerra comparados con el poderoso equipamiento actual. Simples juegos de artificio. ¿Y qué ocurrió? Pues que la Unión Soviética se los llevó para casa y así acabó lo que podría haber sido el inicio de la III Guerra Mundial.
- Y sin embargo los nuevos líderes políticos de un Occidente en caída libre parecen sufrir en su conjunto un alzheimer progresivo. Y no es que algunos de sus mejores analistas no les hubieran avisado con tiempo. Por ejemplo George F.Kennan, considerado el diplomático norteamericano con mayor experiencia durante el período de la “guerra fría” y padre de la “política de contención” escribió en 1997: “Por qué, con todas las esperanzadoras posibilidades engendradas por el fin de la Guerra Fría, las relaciones Este-Oeste deberían centrarse en la cuestión de quien se aliaría con quien y, por implicación, contra quien en un futuro fantasioso, totalmente imprevisible e improbable conflicto militar? Dicho sin rodeos, expandir la OTAN sería el error más fatídico de la política estadounidense en toda la era posterior a la Guerra Fría”. Y posteriormente añadió: “Creo que los rusos reaccionarán gradualmente de manera bastante adversa y afectará sus políticas. Creo que es un error trágico. No había ninguna razón para esto en absoluto. Nadie estaba amenazando a nadie más. Esta expansión haría que los padres fundadores de este país se revolvieran en sus tumbas”.
- A partir de 1990 los sucesivos presidentes de Estados Unidos (demócratas y republicanos) se han comportado en este tema de la peor manera posible. Se han vuelto a creer que su poder era hegemónico sin apreciar que había llegado a su fin. Por eso despreciaron las reclamaciones del gobierno ruso, militarizaron un gobierno de Ucrania con residuos nazis que no ocultaban su pasado, se inventaron una revolución de “colores” (una más) para derribar un gobierno legítimo que no accedía a sus presiones (gobierno Yanukovich), promovieron a presidente a un cómico sin experiencia política (Vladimir Zelenski), que se ha autoproclamado el “chico de la película” y va paseándose por los escenarios mundiales como una estrella de rock. Y animaron a que unos políticos fracasados (los Starmer, Macron, Merz, Von der Leyen, Kallas, Rutte, Tusk y sus antecesores) se apuntaran al pim-pam-pum contra los “malos”. En el colmo de la estupidez, sin darse cuenta de que el Titanic se hunde, tratan ahora de intimidar al adversario con bravatas propias de adolescentes mal criados.
- Y esto les funcionó hasta que harto de tanta provocación el gobierno ruso penetró en Ucrania para defender legítimamente sus intereses (febrero del 2022). Antes ya había recuperado Crimea (2014), territorio ruso que Jruschov había regalado a Ucrania en 1954 como si se tratara de un regalo de bodas, cuando en el fondo nada cambiaba porque todo era la URSS. Entonces se justificó el cambio por razones de naturaleza técnica (provisión de suministros básicos). En 2014 la Federación Rusa no podía permitir que sus bases en Sebastopol (península de Crimea) estuvieran ubicadas en territorio hostil.
- Las supuestas amenazas de la Federación Rusa a los países de Europa occidental no tienen ningún sentido. A Rusia, si algo le sobra, es territorio. Ya tiene suficientes dificultades para gestionarlo. Esto es tan así como para que en los recientes acuerdos entre los gobiernos de la República Popular China y Rusia (mayo /2025) haya un capítulo dedicado a la posible explotación conjunta de zonas de la Rusia asiática. Rusia pone los recursos naturales y China los humanos. Ambos añaden sus tecnologías, a la altura de las mejores de Occidente.
- Rusia apostaba por una Ucrania neutral, de corte federal, con respeto a la cultura rusa y a su población, desmilitarizada, desnazificada. Ubicada dentro de un gran acuerdo de seguridad europeo que asegure los intereses del Este y del Oeste de Europa; no de sus líderes políticos sino de sus poblaciones. En lugar de este proyecto los políticos occidentales han apostado por todo lo contrario. Su deseo es mantener el fuego de una guerra interminable que solo acabará con la vida de buena parte de la población ucraniana. Poco les importa porque no les afecta personalmente. Su vida no corre peligro. Y en esto apareció Trump.
- Al margen de sus problemas domésticos, el presidente Trump se jactó durante la campaña en acabar en pocos días la guerra de Ucrania. Debería saber que esa guerra –como ya hemos comentado– empezó el día en que la OTAN movió sus piezas hacia el Este, y que lo ocurrido en los tres últimos años son solo los efectos residuales de un contencioso no cerrado.
- Sus piruetas con las “tierras raras” son juegos de artificio. Hay que buscarlas y explotarlas y esto requiere mucho tiempo. Los BlackRock , State Street, Vanguard y otros gestores de activos menores se implicarán si ven negocio a corto. Sus inversores no están por proyectos a largo plazo. Las garantías de un país endeudado hasta el límite no son suficientes. En este momento lo que queda de Ucrania no tiene valor de mercado.
- Por eso si Estados Unidos y su presidente quieren de verdad cerrar este conflicto (no la guerra de Ucrania) tienen que sentarse con el presidente Putin y su gobierno. Lo del señor Zelenski en Estambul no sirve para nada. El divertimento de estos días en Tirana (Albania) es propio de un cementerio de elefantes. Solo sirve, por ejemplo, para que los corresponsales de TV3 en la zona nos cuenten lo que ellos creen que piensan o dejan de pensar los interlocutores que allí se encuentran. Lo hacen como “espiritistas” y poca cosa más. Son unos necios.
- Hay que ser consciente de que en un mundo multipolar como el de hoy solo cuentan tres actores y sus líderes principales: Estados Unidos y Donald Trump, la Federación Rusa y Vladimir Putin y la República Popular China y Xi Jinping. El resto son teloneros, de mayor o menor recorrido. Entre estos últimos cabe destacar a Narenda Mori (India) y a algún otro representante de los BRICS. Los europeos solo son invitados en casos especiales y entran por la puerta de atrás. Resultan antiguos y están desconectados. Su música suena mal. Ni sus propias poblaciones los soportan.
- La “rusofobia” es una enfermedad con raíces profundas y muy antiguas. Solo quienes sean capaces de desprenderse de ella, de liquidar los estereotipos interiorizados, podrán entender lo que está ocurriendo en Europa hoy.
No es tarea fácil, pues el contexto no ayuda. La sociedad contemporánea es una sociedad enferma, sin la mínima capacidad crítica, que construye su red de opiniones y juicios mediante un sistema de información sesgado en su origen. Cuando en alguna rara ocasión accedo al relato de los medios convencionales (sean estos prensa, radio o televisión), me acuerdo de lo que contaba el maestro Jacques Séguéla respecto a los prejuicios de gran parte de la población sobre su profesión como comunicador. Decía Séguéla: “No le digas a mi madre que trabajo en publicidad. Ella cree que soy pianista en un burdel”. En los últimos años el deterioro de los medios de información ha sido muy significativo. Cada vez van a peor. No tienen la menor credibilidad. En este caso sí que sería mejor que practicaran como pianistas en un burdel. Merecerían más respeto.
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