RUSOFOBIA

Focus: Política
Fecha: 17/05/2025

He aprovechado unos días de retiro en mi refugio del Delta (in the middle of nowhere) para decodificar el flujo de noticias que los medios de comunicación occidentales (todos ellos directa o indirectamente subvencionados por los poderes corporativos) vomitan a diario sobre la multitud acrítica de ciudadanos europeos. Por suerte las nuevas tecnologías han abierto los canales independientes de Youtube, donde analistas de probada capacidad (como Adrián Zelaia, Pascal Lottaz, Glen Diesen, Jeffrey Sachs, Andrew Napolitano, Caroline Galactéros y unos pocos más), ofrecen informes muy bien documentados sobre lo que de verdad está ocurriendo en el  mundo.

El contraste es tan llamativo que parece que se están refiriendo a dos mundos distintos. En el relato dominante (el oficial) –que se considera el auténtico- se practica el monocultivo y el catecismo es común. El “mantra” compartido incluye falsedades, medias verdades, alucinaciones, deseos no satisfechos, estereotipos anclados, y seudo obviedades. Es como si estuviéramos en el diván del psicoanalista o en el patio de la guardería. Repiten los slogans con monótona cadencia: “el malvado Putin”, “la invasión rusa de Ucrania”, “las atrocidades del ejército ruso”, “los bombardeos a la población civil” y lo que usted, en la peor de sus pesadillas, pueda imaginar. En el otro hay contraste de opiniones, pero como no se quedan en la superficie de las cosas y su lectura ahonda en las raíces del conflicto, hay  notables coincidencias para acertar en un diagnóstico común.

Con todo ello intentaré desbrozar el camino. Quizás te sorprenda. Ahí va: lo describo como “cosas que nunca te dije”.

 

 

No es tarea fácil, pues el contexto no ayuda. La sociedad contemporánea es una sociedad enferma, sin la mínima capacidad crítica, que construye su red de opiniones y juicios mediante un sistema de información sesgado en su origen. Cuando en alguna rara ocasión accedo al relato de los medios convencionales (sean estos prensa, radio o televisión), me acuerdo de lo que contaba el maestro Jacques Séguéla respecto a los prejuicios de gran parte de la población sobre su profesión como comunicador. Decía Séguéla: “No le digas a mi madre que trabajo en publicidad. Ella cree que soy pianista en un burdel”. En los últimos años el deterioro de los medios de información ha sido muy significativo. Cada vez van a peor. No tienen la menor credibilidad. En este caso sí que sería mejor que practicaran como pianistas en un burdel. Merecerían más respeto.

 

 

  

Alf Duran Corner

 

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