Focus: Política
Fecha: 15/02/2026
Y no me estoy refiriendo a la interesante película de mediados de los noventa, que con este título nos contaba la extraña historia de un asesinato en masa en un abandonado barco, en el puerto de San Pedro de Los Ángeles. En ese inquietante thriller, dirigido por Bryan Singer, brillaban varios actores de renombre, como Kevin Spacey, Chazz Palminteri y Benicio del Toro.
Ahora, más a ras de tierra, los “sospechosos habituales”, responsables de la progresiva decadencia de Europa, se llaman Ursula Von der Leyen, Mark Rutte, Kaja Kallas, Emmanuel Macron, Keir Starmer, Friedrich Merz, Volodymyr Zelenskyy y Marco Rubio, este último en calidad de invitado. Luego hay un montón de comparsas que dan calor a la charanga.
Se han reunido en Múnich, en una cosa que describen pomposamente como “Conferencia de seguridad”. Porque de hecho esta reunión, como la mayoría de las que se prodigan en los últimos tiempos, no sirve absolutamente para nada. Es un simple espectáculo para entretener al personal. De esto último se cuidarán con esmero el enjambre de comunicadores a sueldo que los medios ponen a disposición de las élites y de su catecismo virtual.
Este engendro nació en 1963, en plena “guerra fría”, época en la que el enemigo a batir era la Unión Soviética. Lógicamente desde el inicio ha tenido siempre un sesgo pro-occidental, lo que explica sus vínculos políticos con los gobiernos europeos, la alianza atlántica (la OTAN), la Trilateral, el G7, el foro de Davos, el grupo Bilderberg y los laboratorios de ideas (think tanks) más destacados del territorio como Chatham House, Council on Foreign Relations, Rockefeller Foundation y la Open Society del magnate George Soros. Sobre el papel esta reunión anual tiene como objetivo principal “promover la seguridad internacional, construir una atmósfera de confianza y ayudar a la resolución de conflictos mediante el diálogo”. En la práctica (“no me lo cuentes, deja que observe lo que haces”), la conferencia trata de legitimar aquellas acciones políticas que pretenden el dominio del mundo por las élites neocon y sus empleados.
Es interesante observar quienes son los principales financiadores del evento. Del sector tecnológico destacan Microsoft y Palantir; del bancario Commerzbank, J.P.Morgan y la inevitable Goldman Sachs; de la industria armamentística Rheinmetall, Lockheed Martin y Boeing.
La pregunta que debemos hacernos es para qué sirve la seguridad que nos pretenden vender. Porque si nos atenemos a los actos del artista invitado y de sus colegas europeos en los últimos años, no vemos razones para sentirnos más seguros. Veamos:
¿Cómo diablos puedes legitimar toda esta basura? El problema de fondo es que algunos de los neocon (no los mediocres políticos profesionales que los representan) empiezan a darse cuenta de que el equilibrio del mundo ha cambiado y que el poder ha dejado de ser unipolar. Sus reglas de juego ya no sirven. Lo que ellos eufemísticamente llamaban el “orden internacional” es un gran lupanar del que el contencioso Epstein es solo una muestra. Y todo esto los inquieta.
Probablemente la única vez en la que la conferencia de Múnich se quitó la careta fue en febrero del 2007, cuando Vladimir Putin, como presidente de la Federación Rusa, condenó el uso unilateral de la súper fuerza militar por parte de Estados Unidos en todo el mundo, rompiendo con las reglas internacionales y llevando al caos y la destrucción.
Hace un par de años y en una entrevista con Dmitry Kiselev, Vladimir Putin avisó: “El baile de los vampiros ha terminado”.
No estaría de más que los participantes de esta charanga empezaran a tomar conciencia de que sus problemas son internos y que en algún momento los ciudadanos se hartarán de todos ellos y romperán la “barrera del miedo” que hasta ahora han utilizado para tenernos callados.
Malditos bastardos.
