THE PAYPAL MAFIA

Focus: Sociedad
Fecha: 22/03/2026

Mientras los componentes de la “servidumbre voluntaria” preparan sus vacaciones de Semana Santa y se desean un feliz “finde”, en el mundo ocurren otras cosas. En las cabeceras de los medios de información, que nos acosan a diario con lecturas periféricas y sesgadas de la realidad, se citan las declaraciones explosivas del señor Trump y del señor Netanyahu (o de su mejor “avatar”), y algunos apuestan por el fin inmediato de una guerra no declarada o por su continuidad para beneficio de unos pocos fabricantes de armas.

Sabemos de las declaraciones de los comparsas, como los señores Macron, Starmer, Merck y la señora Von der Leyen, y de los tristes teloneros como la señora Kallas o el señor Rutte. Muy patético. Pero no sabemos más.

Como todo resulta una farsa, una trágica farsa con millares de muertos, algunos “outsiders” nos preguntamos qué hay detrás de todo ello. Las pistas iniciales nos conducen a la falacia del “uranio enriquecido” por el Estado persa, a la voluntad de los “neocon” por un cambio del régimen iraní, al interés por controlar el gas y el petróleo de Medio Oriente, al mesianismo sionista para construir el “gran Israel” y a algunos otros objetivos derivados.

Pero como en el chiste del alpinista que se cae por un barranco, quedando sujeto a la frágil rama de un árbol, y a cuyos gritos de auxilio acude el todopoderoso con su potente voz asegurándole un inmediato socorro mediante una tropa de ángeles y arcángeles, grita el interfecto con mayor fuerza: “Pero, ¿hay alguien más?”, lo mismo nos preguntamos nosotros. ¿Hay alguien más detrás de todos estos peleles?

No puedes poner el mundo al borde de una gran crisis económica o de un holocausto nuclear si no tienes otros propósitos que vayan más allá de los conflictos fabricados en Gaza, Ucrania, Irán y lo que pueda seguir.

Y ello nos lleva a enlazar con las tecnologías más recientes y con los padres fundadores de la mayoría de ellas, ciudadanos que llevan en sus portafolios de trabajo mucho más que innovaciones disruptivas. Intuimos que lo que pretenden en el fondo es socavar las bases del pensamiento liberal que en sus diversas versiones ha dominado en el mundo occidental durante los últimos cien años y que con aciertos y desaciertos ha producido modelos democráticos de variado pelambre.

Se consideran libertarios (no liberales), defienden un radical anti-estatismo, practican rituales esotéricos, formulan modelos sociales distópicos, están a favor de sociedades autoritarias (lo que contradice su libertarismo) y se sienten superiores en todos los ámbitos. Algunos los califican de “ácratas de derechas”. Para mí son inclasificables, lo que los hace todavía más peligrosos.

Y ¿quiénes son estos tipos? ¿De dónde salen? ¿Cuál es su poder y su capacidad de influencia? Y es ahora cuando podemos presentar a la “Paypal Mafia”, denominación que ellos mismos eligieron cuando en su calidad de ejecutivos / accionistas de PayPal vendieron la empresa a e-Bay en el año 2002. La ratificación del código se produjo en el 2007, cuando la revista “Fortune” publicó un artículo sobre el grupo, con una fotografía en la que sus miembros iban vestidos con prendas al estilo mafioso. La foto era predictiva.

Aquel grupo de jóvenes emprendedores dieron su primer golpe de suerte con la venta de PayPal y luego invirtieron en el desarrollo de nuevos proyectos, siempre vinculados al entorno económico y social de Silicon Valley, hasta llegar en la actualidad a las aplicaciones de la Inteligencia Artificial, a las bases de datos y a su uso con fines militares. Entre ellos destacaban Peter Thiel (considerado el “don” –el  padrino- de su particular mafia) fundador y primer consejero delegado de PayPal, Elon Musk creador de Tesla, principal accionista de X y otros, David O.Sacks (el hombre de la IA en el gobierno Trump), Steve Chen (co-fundador de YouTube), Reid Hoffman (fundador de Likedln), Ken Howery (embajador de Estados Unidos en Suecia y Dinamarca con Trump), Chad Hurley (otro de los co-fundadores de YouTube), Yu Pan (co-fundador de PayPal, y unos cuantos jóvenes más, todos ellos masculinos.

Cuando en el 2024 Donald Trump volvió a tomar las riendas del país en su segundo mandato, la revista “The Economist” sentenció: “La mafia de PayPal ha ocupado el gobierno”. La mejor prueba de ello era que el nuevo vicepresidente de Estados Unidos (JD Vance) era un antiguo empleado de PayPal y como político un protegido de Peter Thiel.

Quedémonos ahora con este ciudadano -Peter Thiel– que abandera el colectivo de tecnólogos-inversores y cuya trayectoria personal es un buen indicador de la nueva corriente del “capitalismo libertario”. Thiel nació en Alemania y vivió unos años en Sudáfrica, aunque cuando contaba diez años su familia se trasladó a Estados Unidos, donde adquirió la ciudadanía americana. Estudió derecho y humanidades en la selectiva universidad de Stanford y desde muy joven adoptó posturas radicales (a la derecha del espectro) en todos los ámbitos. Se asoció muy pronto a la filosofía del “superhombre” a la medida de Nietzsche (Úbermensch), con voluntad de poder y creación de propios valores. Es un hombre culto e inteligente, que tiene como referentes intelectuales a Carl Schmitt, Leo Strauss y Oswald Spengler, admirados por su pensamiento reaccionario. Es descarado y le gusta provocar. Discípulo de Irving Kristol (que pasó del trotskismo a la extrema derecha sin pestañear), combatió en su primera juventud cualquier signo de homosexualidad y de multiculturalismo que pudiera florecer en su universidad. Lo paradójico es que muchos años después se declaró homosexual, se casó con un colega inversor (Matt Danzeisen) y tiene dos hijos adoptados.

Como ya hemos indicado, un momento clave en su agitada vida fue la creación de PayPal en 1999, un sistema de pagos en línea. La leyenda dice que su capital inicial era muy bajo, gracias a la colaboración de amigos y familiares. En PayPal coincidió con Elon Musk, que en una etapa ejerció como director ejecutivo. Eran dos gallos en el mismo corral y Musk fue obligado a abandonar el barco. Al cabo de tres años vendieron la empresa. La plusvalía de Thiel alcanzó los cincuenta y cinco millones de dólares. Con este dinero creó un fondo de inversión propio (Thiel Capital) y fue el primer inversor externo de Facebook (el imperio de Mark Zuckerberg) con 500.000 dólares y el 10,2% de las acciones. Cuando vendió el paquete su fortuna había añadido mil millones de dólares. No quiso invertir en Tesla y tampoco en YouTube (antiguos miembros de la “mafia”) por razones personales. Fue un error del que nunca se arrepintió.

El nuevo gran salto lo hizo en 2003 cuando fundó Palantir, empresa especializada en el análisis de big data. Entre sus primeros inversores estuvo “In-Q-Tel”, un fondo vinculado a la CIA. En Palantir su equipo de tecnólogos desarrollaron el software “Echelon”, un mecanismo de vigilancia planetaria. En la práctica Echelon es considerada la mayor red de espionaje y análisis de comunicaciones electrónicas de la historia. Capta llamadas, mensajes, correos electrónicos, faxes, etc. Procesa millones de datos, los selecciona, los agrupa, los destaca, todo ello a gusto del cliente. Le llaman “La Gran Oreja” y trabaja con Inteligencia Artificial.

Cuando en el 2011 el gobierno norteamericano dio caza, en el sentido literal del término, a Osama Bin Laden, corrió el rumor de que el trabajo lo había diseñado Palantir. Su cartera de clientes en todo el mundo se disparó, la mayoría pertenecientes a órganos e instituciones de seguridad de diferentes Estados. En la actualidad su valor de capitalización bursátil alcanza los 360.000 millones de dólares. Su primer y principal cliente es el Pentágono, el brazo armado de Estados Unidos.

Thiel tiene como director y socio en Palantir a Alex Karp, otro tipo con un perfil académico similar. Karp estudió Filosofía y luego Derecho en Stanford (donde coincidió con Thiel) y posteriormente se doctoró en Teoría Social en la universidad Goethe de Frankfurt.

Se diría que defienden un capitalismo ideológico. Hacen política en el sentido genuino del término. Tienen buena cobertura mediática y se presentan como contrarios a lo políticamente correcto, lo que produce confusión. Pero si ahondamos en su filosofía de vida podemos interpretar mejor qué se proponen. Por ejemplo, cuando creó PayPal y más tarde reconoció “pretendía crear una nueva moneda mundial, libre de todo control gubernamental”.

Y si seguimos sus escritos posteriores podemos leer que “La década de 1920 fue la última década de la historia estadounidense en la que uno podía ser realmente optimista sobre la política. Desde 1920, el aumento masivo de los beneficiarios de las políticas del “welfare” y la ampliación de los derechos políticos a las mujeres han convertido la noción de democracia capitalista en un oxímoron”. Thiel elogia los monopolios, cuando dice que “los monopolistas pueden permitirse no pensar solo en ganar dinero; los no monopolistas no”, lo que nos lleva a creer que las grandes innovaciones las generan los primeros, cuando en la práctica es todo lo contrario: el monopolio se convierte en rentista y se apalanca. Luego añade: “En las situaciones de competencia perfecta, la empresa está tan centrada en sus márgenes de beneficio actuales que no puede planificar el futuro a largo plazo. Solo una cosa puede permitir a una empresa trascender la brutal lucha diaria por la supervivencia: los beneficios del monopolio”. Para concluir: “En realidad, capitalismo y competencia son opuestos”. Todo ello es una gran “boutade”, que no se sostiene racionalmente, pero que ha creado escuela entre las nuevas generaciones. Están vendiendo una moto cargada de valores ultra-reaccionarios.

Volvamos al último hijo bastardo de esta combativa mafia: Palantir. Su campo de actuación (mercado de prueba) fue la franja de Gaza y el sur del Líbano. La tecnología IA les ha permitido perfeccionar el proceso denominado “kill chain” (cadena de asesinatos). Se reduce drásticamente el tiempo de trabajo para identificar, aprobar y golpear los objetivos propuestos. La rapidez y el automatismo permiten obviar los problemas legales, éticos y políticos que los sistemas anteriores generaban. Es un mecanismo burocrático. En Gaza, por ejemplo, unos 35.000 combatientes supuestamente vinculados a Hamas fueron listados, identificados y asesinados. Se cruzaron miles de variables (contenidos de todo tipo en soportes físicos o electrónicos) para saber quién hablaba a quién, quién se encontraba con quién, quién decía qué. En este entorno tecnológico avanzado la técnica supera la capacidad cognitiva humana. La máquina de matar opera por su cuenta. Esto podría explicar la matanza de 170 colegialas en una escuela de Teherán, aunque probablemente Thiel y Karp no lo vean así, pues su aproximación analítica al hecho tiene que ver más con la productividad que con otra cosa. Los ejecutivos-ejecutores de Palantir tienen nombres curiosos (“Lavender”, “Gospel”, “Where’s Daddy”) pero trabajan a gran velocidad orientando los drones y misiles con ajustada precisión. No hay remordimientos. Todo es muy limpio. Karp considera que cumplen su misión como empresa y se siente orgulloso de su “alianza estratégica” con el gobierno de Israel y con su ministro de Defensa.

¿Hay alguien más? se preguntaba el alpinista del chiste. ¿Hay alguien más aparte de Trump, Netanyahu y su corte de lacayos? Pues sí. Hay un frente tecno-fascista capitaneado por Peter Thiel y Alex Karp que consideran que la democracia es incompatible con la libertad y que solo el poder absoluto puede salvar a la civilización. Eso sí, ese poder absoluto ha de estar en manos de unos pocos, solo de aquellos que se lo merecen. Claro que para que este nuevo escenario florezca hay que destruir antes lo que tenemos (un Occidente decadente  –y en este retrato desgraciadamente coincidimos con ellos-) y debe hacerse con celeridad. Gaza, Ucrania e Irán son estímulos aceleradores.

Ha vuelto la mafia. Quizás es que nunca se fue. Se han modernizado y adaptado a los nuevos tiempos. Han hecho un reset.

 

 

 

Alf Duran Corner

 

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