VAMOS MAL

Focus: Sociedad
Fecha: 19/03/2025

Hace ya tiempo que vengo manifestando mi sentimiento de que Europa va en caída libre. Primero cayeron sus derechos históricos, pertrechados con valores de libertad, respeto, justicia, solidaridad y equidad. Luego, gradualmente, se produjo una conjunción de las grandes debilidades del pensamiento conservador con las del pensamiento progresista. Más tarde se estableció de facto un partido único (el partido del establishment) cuya única voluntad era perpetuarse y burlar el concepto del “fin de la Historia”, que un liberal como Fukuyama había descrito ingenuamente. Lógicamente ese partido único quedó en manos de unos personajes oscuros que basaban su razón de ser en su perverso odio hacia aquellos que no compartían su filosofía. En la actualidad, todo ello se concreta en un odio hacia Rusia en primer lugar, y también hacia China y hacia los países que constituyen “el sur global”, aunque esto último lo oculten.

Para sustentar este relato se han dedicado a fomentar sus contravalores, utilizando todos los medios convencionales a su alcance (que significa todos los medios de comunicación, tanto los públicos como los privados), usando arbitrariamente las subvenciones y la publicidad institucional de la Administración Pública.  O sea, el dinero del contribuyente.

Su guion está lleno de estereotipos groseros que harían enrojecer al más atrevido de los maniqueos. Pero hay que reconocer que les ha salido bien y han confirmado con creces el proyecto propagandístico de Joseph Goebbels (uno de los jerarcas nazis más próximo a Hitler), que se enunciaba diciendo que “una mentira mil veces dicha se convierte en una gran verdad”.

Tanto es así que el último barómetro del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) ofrece, entre los resultados habituales, un par de joyas sobre lo que opinan los españoles sobre la “Defensa” europea. Entrecomillamos el concepto “defensa” porque siempre hemos creído que ese concepto incluye una forma eufemística de ocultar el “ataque”.

Y lo que opinan, según el CIS, un 75% de los españoles es que “la Unión Europea debería aumentar su propia capacidad de defensa”. Otra cuestión complementaria, todavía más ambigua, es que el 77% de los españoles piensan que “con la presidencia de Donald Trump, la relación que ha existido desde la II Guerra Mundial entre los países de la Unión Europea y Estados Unidos, va a cambiar”.

Fijémonos como construyen el ciclo. Primero toman el catecismo oficial (la corriente dominante) para que les sirva de guía. Luego van recogiendo toda la información sesgada que se ajuste al guion y rechazan aquella que cuestione su línea central. Con ello moldean un relato de buenos y malos. Lo aderezan y lo distribuyen en mensajes, que repiten de forma continuada para crear un “estado de opinión” entre el público receptor. Hecho esto, se dirigen a la población para que opine sobre el tema, mediante un mecanismo que orienta la respuesta. Así pueden luego difundir la idea de que sus decisiones (el “rearme”) se ajustan a la voluntad popular. Por último presumen de demócratas y lo exhiben sin decoro. Son unos tramposos.

Centrémonos ahora en la etapa final de la cadena: el sondeo.

La primera consideración elemental es que has de pedir opinión a gente que tenga un conocimiento suficiente del tema tratado para poder opinar. Es cierto que nos tienen  acostumbrados a la basura mediática de las tertulias (donde todo el mundo opina de todo) y esto ha creado una atmósfera confusa. Pero, en cualquier caso, hagamos un esfuerzo de comprensión. ¿Cuánta gente en el Estado español sabe de verdad para qué sirve la Unión Europea, cuál fue su razón de ser original, como se ha desarrollado, cuáles son sus funciones, qué papel juegan sus distintos órganos, qué poderes tienen, cómo los ejercitan, etc.?

En segundo lugar, demografía en mano, la generación que después de la II Guerra Mundial (1946) estaba escolarizada en primaria en España tiene ahora entre 80 y 90 años. Algunos incluso fueron instruidos en la ideología nazi sobre la historia europea y tuvieron que presenciar cómo sus fascistas profesores iban cambiando el relato y empezaban a glosar los triunfos de los aliados. Los datos empíricos nos dicen que el desconocimiento de la población española sobre la relación de Europa en aquellos años (no de la Unión Europea que todavía no existía) con Estados Unidos es total. Algunos saben someramente lo del “plan Marshall” y lo de las bases americanas a partir de 1953 y poca cosa más. Tienen un conocimiento de calendario. Y los menores de cincuenta años (nacidos después de la muerte de Franco) saben tanto de esto como lo de las aventuras de Carlomagno. Las excepciones son los especialistas (historiadores, etc.) y poca cosa más. Y si alguien duda sobre esto, que pregunte a sus más próximos.

Y cuando uno no sabe algo sobre un tema, acude al repertorio oficial, al “mainstream” que dicen los yanquis. Y en ese repertorio hay un apartado dedicado a “los malos”. Lógicamente hemos de defendernos. Menuda reflexión. De pena.

Hay un segundo aspecto, quizás más técnico, que me recuerda las clases del gran maestro Ruiz Olabuénaga en la facultad de Sociología de la universidad de Deusto. Su asignatura predilecta era “Metodología de las Ciencias Sociales” y su rigor intelectual hizo mella en todos nosotros. Nos contaba, entre otras cosas, como los sondeos y las encuestas podían ser manipuladas en origen, tanto en el diseño muestral como en la elaboración del cuestionario.

No voy a entrar en el primero de estos temas, pues no he tenido acceso a la información necesaria. Pero sí en el segundo. Y el segundo es tramposo y afecta a la obligada neutralidad del estudio.

Un ciudadano corriente, normal, atareado, con sus propios infiernos personales, es abordado con unas preguntas que incorporan implícitamente las respuestas. ¿O es que alguien no quiere defenderse frente al mal? ¿O es que alguien no ha oído o visto que el presidente Trump se ha pasado al grupo de los “malos”?  Nadie se pregunta por qué diablos unos países en decadencia, con deudas públicas crecientes (que afectarán a la vida de nuestros hijos y nietos), tienen que aumentar sus presupuestos de defensa en detrimento de otras partidas de naturaleza económica y social. ¿Defenderse de quién y por qué?

Los intelectuales del “Régimen” (siempre hay gente que se nutre en el pesebre del poder) argumentan que la inversión en Defensa (ahora le llaman “Rearme”) significará un fuerte impulso a la industria, lo cual no deja de ser una obviedad a corto plazo. Pero lo cierto es que hay muchas otras alternativas de inversión en la industria que tienen el propósito de generar riqueza para la sociedad en su conjunto, no para destruirla. Que el grupo Volkswagen haya decidido ampliar su gama de productos y fabricar carros de combate además de coches es un paso atrás en el proceso civilizatorio. Se hizo en Estados Unidos al inicio de la II Guerra Mundial y no se paró a tiempo. Ahora ya vemos cómo ha ido creciendo el peso del complejo militar-industrial en aquel país, y su enorme influencia política, económica y social, influencia que el propio presidente Eisenhower – un militar de carrera - denunció en su último mensaje a la nación. ¿Pretendemos seguir ese mismo camino?

Vamos mal. Vamos a peor. Hagamos autocrítica y, parafraseando a Simone de Beauvoir, reconozcamos que somos mitad víctimas y mitad cómplices.

Estoy pensando en comprarme un arcabuz, por si viene el coco. ¿O es que el “coco”, como dijo el vicepresidente Vance en Múnich, no viene de fuera sino que lo tenemos dentro?

 

  

 

 

 

Alf Duran Corner

 

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