TEORÍA DEL DISPARATE

Focus: Política
Fecha: 17/06/2024

Uno de los juegos más ingenuos que los adultos organizaban para nosotros cuando éramos muy pequeños era el “juego de los disparates”. Consistía en que todos los niños nos sentábamos en un círculo y entonces uno de nosotros le hacía una pregunta en voz baja al niño o niña que tenía a su derecha y éste le respondía. Luego seguía el proceso de preguntas y respuestas cruzadas, hasta que se cerraba el círculo. Al final los niños íbamos declarando nuestras vivencias diciendo “aquí me han preguntado… Y aquí me han contestado”. Lógicamente pregunta y respuesta eran discrepantes, pertenecían a dos universos distintos. No cuadraba nada. Y aquí estaba la gracia. Probablemente fue nuestra primera aproximación al absurdo y a la teoría del caos, aunque en aquella edad temprana no podíamos intuir de qué iba todo esto.

Parece que los adultos siguen marcados por aquel juego infantil y practican uno tras otro disparates de diferente calado.

 

Es por ejemplo un disparate que se celebre con toda pompa el aniversario del fin de la II Guerra Mundial y no se invite al principal protagonista o a quien le sucedió, que no es otro que la Federación Rusa. Y todo  procede de una “gran mentira” que se ha vendido con maestría en todo el mundo: el papel fundamental del gobierno norteamericano en la derrota de la Alemania nazi. Quizás esa interpretación interesada, con la colaboración de los mejores directores y guionistas de Hollywood, parte de un error de base: la II Guerra Mundial tuvo dos escenarios distintos, Europa y el Pacífico. La Unión Soviética lideró la derrota nazi, a un coste humano extraordinario, gracias a su capacidad de sostener el asedio de Stalingrado, y luego tomar esta plataforma como  punto de partida para que el ejército rojo y la maestría estratégica del general Zhukov barrieran al disciplinado ejército de la Wehrmacht  y acabaran izando su bandera en Berlín. Para Estados Unidos el escenario principal de la guerra fue el Pacífico, donde desplegó las mayores fuerzas y recursos para acabar con el ejército japonés, rematando la operación con el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Cuando los aliados, dirigidos por Eisenhower, desembarcaron en Normandía, el ejército alemán estaba muy diezmado por sus continuas derrotas en el frente del Este.

 

Otro disparate, éste muy actual, es la convocatoria de la denominada “Cumbre por la paz en Ucrania”, que tiene dos disonancias claras:

Aparte de los líderes occidentales (todos ellos unos muñecos de guiñol en manos de Washington), es interesante señalar los que no se han apuntado al evento. Destacan los líderes de la República Popular China, de India, de Sudáfrica y de Brasil. Si incluimos la Federación Rusa, una gran parte del mundo se abstiene y lo razona.

 

Vamos a terminar el relato con un tercer disparate con visos de modernidad y que tiene como protagonista el mundo de las “startups”. Antes, que todo era más humilde y no existían las redes sociales, una persona tenía un proyecto de negocio y lo llevaba adelante esperando progresase. Muchos se quedaban por el camino, pero otros iban muy lejos, como fue el caso del señor Amancio Ortega, que empezó vendiendo pijamas como empleado de una tienda y acabó, con la valiosa ayuda de su primera mujer, creando una de las principales cadenas mundiales de ropa “pronta”. Ahora es lo mismo, aunque una startup cuenta siempre con el soporte de las TIC’s (tecnologías de la información y la comunicación).

Justamente es Israel la que destaca en este dominio, hasta el extremo de que es definida como una “nación startup”. Innovación a nivel empresarial, una política de apoyo por parte del Estado y acceso fácil a los inversores internacionales. Todo muy bien adaptado a la sociedad digital. Es así como se ha llegado al primer puesto en startups per cápita del mundo. El tema de fondo, del que apenas se habla, es que muchas de estas exitosas empresas están orientadas al mercado de la guerra, y que la invasión de Gaza se ha transformado en un campo de experimentación de primer orden. Es allí, y también en menor medida en Cisjordania, donde se hacen pruebas de mercado (market test) para ir ajustando el producto a las prestaciones que promete. Jessica Buxbaum ha descrito en su informe para “Middle East Eye”, algunas de estas perlas innovadoras. Por ejemplo, Wolverine, avión no tripulado, equipado con un brazo robótico y gafas de realidad virtual, que permite recoger información de inteligencia sobre los edificios antes de destruirlos. O el sistema de inteligencia artificial Edge360, de la compañía Vision Axon, que instalado en vehículos blindados detecta amenazas y toma las decisiones sobre el terreno. O Corsight, que utiliza tecnología de reconocimiento facial para recopilar información sobre los palestinos que huyen de las bombas. Los propietarios de estas startups están entusiasmados con los resultados obtenidos, que les permitirán vender sus innovaciones a todos los ejércitos y cuerpos de seguridad del mundo. Lógicamente no hay mucha prisa para liquidar el conflicto y el tema de la búsqueda y recuperación de rehenes es la mejor coartada para alargarlo.

Por si alguien lo ha olvidado, disparate es algo absurdo, demencial, delirante, ilógico, desatinado, insensato, irracional, descabellado.

 

 

 

 

Alf Duran Corner

 

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