TRUE LIES

Focus: Política
Fecha: 16/03/2024

Con este título James Cameron presentó en 1994 una divertida y trepidante película – una comedia de aventuras - en la que se narraba una historia de una pareja de mentirosos compulsivos, protagonizada por Jamie Lee Curtis y Arnold Schwarzenegger. El final era predecible, pero la diversión estaba asegurada. En España, como siempre, tradujeron el título por libre y le pusieron “Mentiras arriesgadas”. Una redundancia: mentir siempre supone un riesgo.

España es un país de mentirosos. Lo ha sido históricamente. La primera mentira es autocalificarse como país, cuando a lo sumo es un Estado y nada más. Y dentro de este Estado hay algunos países con identidad propia, como Euzkadi, Catalunya, Castilla y una teórica Galicia (posible y no materializada). Justamente porque España no es un país los poderes del Estado sancionan violentamente cualquier señal de auto-reconocimiento de los países sojuzgados (o sea colonizados).

En este contexto, las mentiras se repiten y forman parte del lenguaje cotidiano. Son verdaderas mentiras (true lies), no mentiras piadosas, ni mentiras nobles, ni mentiras azules, ni mentiras negras, ni mentiras “lo que usted quiera”, porque la taxonomía es amplia y los analistas gustan de las clasificaciones, por arbitrarias que sean.

Aquí miente todo el mundo. Mienten los políticos, los jueces, los fiscales, la policía, la guardia civil, los parlamentarios, los periodistas y los aspirantes a todo ello. Si no mientes no estás en la pomada. Recuerden cuando el señor Aznar, en calidad de presidente del gobierno, decía: “El régimen iraquí tiene armas de destrucción masiva. Puede estar usted seguro y pueden estar seguras todas las personas que me ven que les estoy diciendo la verdad”. O cuando aquel penoso ciudadano que encabezó por un tiempo el PP (Pablo Casado) denunciaba el trato a los niños en las aulas públicas de Catalunya señalando que “hay profesores con instrucciones de no dejar ir al lavabo a niños porque hablan castellano”.

Decía el destacado dirigente nazi Joseph Goebbels - un personaje clave para comprender la rápida expansión de la ideología nacionalsocialista en la culta Alemania de los 30 del siglo pasado – que si repites una mentira muchas veces acaba pareciendo una verdad. Goebbels era siniestro pero era un tipo muy inteligente, y sabía que si llegas a familiarizar un concepto entre la gente, la racionalidad del análisis desaparece. Él lo hizo con los judíos (presentándolos como una etnia antialemana y corrupta) y el éxito fue espectacular.

En España la coyunda de los poderes del Estado y los medios canallescos subvencionados han vendido de la misma forma la imagen del president Puigdemont como un personaje endemoniado, prófugo de la justicia y al que se tendría que borrar del panorama político. Cómo borrarlo, queda en manos de los operativos de turno.

Pero como todo se contagia, ahora que el president Aragonés ha convocado elecciones en Catalunya – unas elecciones “autonómicas” y nada más – los partidos, las agrupaciones, los colectivos organizados y, como no, los medios de comunicación públicos y privados (todos ellos debidamente engrasados con dinero del contribuyente) han empezado a repartir calificaciones a los candidatos y a las opciones que representan, y lo han hecho retrocediendo unos cuantos siglos (dejémoslo a mediados del XVIII) y les han puesto las viejas etiquetas del espectro derecha – izquierda. El problema es que ese eje, tal como fue concebido, no sirve para nada. La izquierda pensada como progreso, justicia, equidad, libertad y responsabilidad compartida, murió hace muchos años. Ahora todos están en el mismo vector, y es un vector marcadamente reaccionario. Y la reacción es una respuesta al progreso.

Y aquí hay una mezcla de ignorancia y mala fe. A modo de ejemplo, cuando la señora Colau reclama al señor Collboni (alcalde “golpista” de Barcelona) que forme un gobierno municipal de “izquierdas”, supongo que interpreta que ser de izquierdas es transformar una ciudad en un parque temático, donde los peatones son arrinconados por las bicicletas, los patinetes, los “skates”, los ladrones profesionales, los niñatos posfranquistas o cualquier otra tribu urbana. Lo mismo podríamos decir del triste señor Illa, cuando se autoproclama president de la Generalitat al estilo Tarradellas (desde la “izquierda responsable”) declarando su lealtad española al hábil mentiroso compulsivo (que es por méritos el presidente señor Sánchez), mientras su agencia de colocación cubre todos los territorios a su alcance, situando a sus afiliados en diputaciones, alcaldías y organizaciones parapolíticas por bajo que sea su nivel de competencia. Y que podemos decir de mossèn Junqueras”, el líder de una marca histórica (Esquerra Republicana de Catalunya), que no para de repetirnos hasta la saciedad que ellos son los únicos que han sido siempre fieles a la independencia de Catalunya. Pues teniendo en cuenta que ERC nació hace casi cien años, parece ser que sus propósitos no han sido capaces de materializarse en una centuria. Quizás que lo dejen, no sigan mintiendo y se dediquen a otra cosa. Este ritornelo de ERC me recuerda el guiño inteligente del maestro Pla cuando refiriéndose a la “reconquista” castellana de España dijo: ¿una reconquista que dura ochocientos años? Collonades.

Por eso estoy harto de que en ese catecismo particular que reparten entre el enjambre de comunicadores a sueldo se califique al joven partido “Aliança Catalana”, que lidera la señora Silvia Orriols, de partido de extrema derecha. En su momento ya manifesté mi opinión sobre este tema (“un fascismo de última generación”  https://www.alfdurancorner.com/articulos/un-fascismo-de-ultima-generacion.html  16.06.23) y no quiero insistir en ello. Aliança Catalana es un partido independentista y nada más. Los calificativos los pone el diablo. Si me pongo a listar a los políticos de derechas entre la fauna de las élites catalanas y su corte de palanganeros, me faltará papel. A la izquierda, tal como yo la concibo, no veo prácticamente a nadie.

Mejor calladitos. Hay que juzgar los hechos, solo los hechos.

 

 

Alf Duran Corner

 

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